Difundir
por el mundo
la civilización del amor
«Queridos hermanos y hermanas, os invito a todos a convertiros en heraldos de este anuncio lleno de gozo, sobre todo permaneciendo junto a los jóvenes. Llevadles a Cristo, dadles el Evangelio en toda su lozanía de buena noticia, siempre nueva y siempre joven. Los dos mil años que han transcurrido desde la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María son un destello en el oscuro cielo del tiempo. Os exhorto a trabajar, con la audacia del pensamiento y de la inteligencia, por difundir, en el umbral del nuevo milenio, la civilización del amor, que florecerá en un terreno regado por la fe: una tierra que hay que hacer fructificar sabiamente, hombres a los que es preciso amar sin exclusión, y Dios a quien se ha de adorar con corazón sincero. Al hombre que busca el Absoluto, y a su inteligencia que busca el Infinito, este nuevo humanismo para el próximo milenio le dará la respuesta a sus aspiraciones más profundas. El secularismo las ha ocultado, pero permanecen, y Cristo las colma plenamente. Éste es el futuro de la fe. Éste es el futuro del hombre.»
S.S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un congreso internacional celebrado en la Universidad Urbaniana, 2/12/1995, 5.
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