Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

¡Trabajemos por la paz!

 

La paz es una ganancia para el ser humano, las familias, los pueblos, la humanidad. Hoy se viven momentos dramáticos en que se presenta intensamente la amenaza de los horrores de la guerra.Estados Unidos ha iniciado una campaña internacional denunciando que ve un peligro para el mundo en Saddam Hussein. Lo acompaña Inglaterra en su convicción de la necesidad de una guerra. Otros estados como Francia, Alemania, Rusia y El Vaticano buscan una salida pacífica.

La ONU intenta evitar una guerra cuyos alcances en vidas humanas y en estabilidad de los países del mundo son incalculables. A ello se suma el conflicto entre EE.UU. y Corea del Norte, con posibles repercusiones atómicas. Todo el panorama es sumamente inquietante. Y, muchísimos millones de personas no creen que hoy se justifique una guerra contra Iraq.En su encíclica Paz en la tierra, el beato Juan XXIII ponía como centro del anhelo de paz el respeto a la persona humana, a su dignidad, derechos y deberes. Señalaba que las personas deben ser forjadoras de una sociedad libre, justa, pacífica, desarrollada y solidaria. Veía que la ruptura interior repercute en las rupturas sociales. Y esto se aplica también en el ámbito mundial.

Las relaciones internacionales deben regirse por la equidad, el respeto y la solidaridad. La complejidad del mundo moderno reclama una autoridad multilateral que vele por la seguridad y la paz del mundo. Precisamente por eso nació la ONU. No es que dicho organismo sea perfecto, pero es hoy el medio más adecuado para el diálogo. En palabras del presidente de la Pontificia Comisión Justicia y Paz, monseñor Renato Martino: Si EE.UU. ataca a Iraq sin autorización de la ONU, será una guerra de agresión, y el fin del organismo internacional.Es evidente que las monstruosas acciones de Saddam contra la vida y los derechos humanos merecen radical repudio. Pero ello no debe llevar al olvido la otrora actitud tolerante de los Estados Unidos con ocasión de la masacre de los kurdos por Hussein en 1988. Quien busca conocer qué sucede realmente se encuentra con interrogantes que invitan a investigar antes de formarse opinión.

La Civiltà Cattolica ha realizado un análisis concluyendo que la guerra contra Iraq no se funda en los argumentos alegados, sino en otros. Ha mostrado sobre todo cómo el concepto de guerra preventiva no se adecúa al de guerra justa. Incluso juzga que encierra argumentos sumamente peligrosos para el futuro del mundo.El Papa Juan Pablo II viene buscando incansablemente una solución pacífica. Ha enviado embajadores personales a EE.UU. e Iraq. No cesa de invocar a la reflexión de cómo la paz obtenida por la guerra se constituye en fermento de futuras guerras. Y es que la fuerza no puede ser la base del derecho. El mundo católico se moviliza para buscar una solución que salvaguarde la paz. Incluso en EE.UU. la jerarquía ha escrito al presidente Bush exhortándolo a respetar lo que decida la ONU y abstenerse de una acción unilateral.

La Iglesia predica el evangelio de la paz. Busca que los problemas sean resueltos en reconciliación y mutua caridad. Con realismo no cesa de advertir los daños gravísimos que una salida violenta a la crisis de hoy tendría para las personas y el bien común de las naciones. Al lado de orar a Dios por una paz justa, honesta y duradera, y de implorar porque la luz del Espíritu Santo aleje de los corazones todo fanatismo e irracionalidad, trabaja por todos los medios diplomáticos por la paz. Igualmente alienta el diálogo, enseña los principios éticos, la paciencia, el respeto a la dignidad y derechos de personas y naciones, la equidad.

La enseñanza del magisterio resuena en muchas mentes y corazones: Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra. Unámonos a esta obra de paz, convirtiéndonos en artesanos de reconciliación.

 

Luis Fernando Figari

 

“El Comercio”, Lima, domingo 16 de marzo de 2003


 

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