Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

Pauperización del diálogo

 

La calidad del diálogo viene empobreciéndose desde hace bastante tiempo. Los acontecimientos de los que hemos sido testigos en las últimas semanas son sintomáticos. Las causas son, sin duda, varias. Pero una es la falta de hábito y condiciones para un diálogo auténtico. Cuando el creciente deterioro de la vida cultural y social afecta al país, y en especial a las mayorías empobrecidas, cuando hay puntos de vista encontrados y situaciones que requieren soluciones urgentes, el diálogo es tanto más importante.

El diálogo es fundamental para una mayor realización de hombres y pueblos. Pero para que sea fecundo requiere de ciertas condiciones básicas. Ante todo, del respeto a la naturaleza y dignidad de la persona. Respeto de fondo y de forma. El largo proceso de dimisión de lo humano, de primacías coyunturales económicas o técnicas, hace difícil centrar el diálogo sobre la persona. Ante ello es urgente buscar formas de promover la conciencia y el respeto a la dignidad y vida de todo ser humano.

Toda sociedad y grupo humano tienen legítimas diversidades que han de convivir, que reclaman un espíritu de respeto y tolerancia mutua. Por eso es necesario el diálogo, que implica trascender visiones subjetivistas, superar la limitación de ver sólo los propios intereses y avanzar hacia el ámbito del bien común. En particular cuando se dan situaciones que afectan la dignidad, libertad y derechos humanos de las personas, así como la reconciliación social.

El diálogo requiere ideas claras. Pide dar cuenta de ellas en un lenguaje que no se preste a ambigüedades. Dialogar no es traicionar los propios principios ni identidad. El diálogo es una manera de comunicarse que fomenta el conocimiento mutuo, la comprensión de la diversidad. Pide la abstención de juicios apresurados y reclama la buena fe.

El diálogo es un magnífico medio para buscar soluciones. Permite compartir puntos de vista para ayudarse unos y otros a profundizar en la verdad. Implica un grado de humildad que permita que quien dialoga cambie su posición si ve que está equivocado.

No tiene por objeto consensos ni disensos coyunturales o forzados. Se funda en un sincero deseo de encontrar el mejor camino hacia el bien común.

Si hay animosidad, insulto, desprecio, coacción, manipulación, demagogia y falsedades, se deteriora la situación y lamentablemente el diálogo auténtico se hace inviable. ¿Hay diálogos inauténticos? Ciertamente. Cada vez que se incumplen las condiciones para que se dé la comunicación en un ambiente de respeto personal, libertad tanto interna como externa y paz, no se produce un diálogo verdadero.

El camino hacia una sociedad más justa, reconciliada y pacífica requiere el diálogo auténtico. Aquel que no es una táctica, sino un medio que responde a la dimensión existencial de la persona.

Al constatarse tantos obstáculos para un diálogo verdadero, es deber de todos contribuir a una educación que lo haga posible. Debemos laborar por una cultura del diálogo auténtico. No se ha de participar en la vida social como si ésta fuese una selva que justificase el uso de medios reñidos con la verdad, la moral personal, la paz o el bien común.

La visión cristiana del diálogo pide una real adhesión a la verdad y la caridad, y ve en la reconciliación una magnífica perspectiva en la que se puede realizar con sinceridad el diálogo. Aquella reconciliación que se abre a las dimensiones fundamentales del ser humano: con Dios, con la propia realidad personal, con los demás y con el mundo.

Contribuyamos a evitar que las injusticias, conjuras, falsedades y violencias opaquen la esperanza de la persona.

Busquemos aportar a la edificación de la civilización del amor trabajando por la reconciliación integral.

Ante las situaciones difíciles que se puedan generar en la vida social propiciemos un diálogo auténtico.

Que el horizonte sea siempre la promoción humana integral. ¡Seamos constructores y no destructores del futuro de la realización personal y social!

El Comercio, Lima, 17 de julio de 2003

 

Luis Fernando Figari

 


 

Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por el Movimiento de Vida Cristiana. Derechos reservados (©).

Este texto en versión electrónica solo puede ser reproducido por razones pastorales de la Iglesia sin introducir modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido. Deberá consignarse claramente la fuente. Se entiende que sólo puede ser usado en ediciones no comerciales y ajustándose a las condiciones estipuladas.