Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

Una parroquia nueva para situaciones nuevas *

Luis Fernando Figari
Fundador del Movimiento de Vida Cristiana

Habría mucho que decir sobre el tema de la parroquia y los movimientos eclesiales, así como sobre los supuestos que este tema implica. En esta ocasión sólo podemos trazar unas breves y rápidas pinceladas. Procuraré atender a la impostación latinoamericana que se me ha pedido explícitamente.

Encuadre del tema

La interesante jornada de ayer me despertó algunas inquietudes. Las tendré en cuenta en el desarrollo de algunas premisas y ejemplos.

Hay un importante adagio jurídico que dice: "la ley sigue a la vida". Al mirar el tema de la parroquia hay que tener esto en cuenta, su origen, su evolución -y las razones detrás de ello, que son de carácter práctico-. Hay que verlo hoy en la realidad vital del Pueblo de Dios, teniendo siempre en cuenta que no existe una "parroquia" de modelo único, sino que de hecho se dan diversos tipos de parroquias.

Mons. Stanislaw Rylko señaló una verdad experimentada por muchos de nosotros: la parroquia requiere una renovación continua. Si se desea que siga cumpliendo un rol importante, su renovación es indispensable.

La vida precede a la ley

La Encarnación del Verbo Eterno en el vientre virginal de María Inmaculada, para nuestra redención y reconciliación, y la institución del Bautismo por Jesús preceden a todas las codificaciones, y al ser de origen divino ejercen sobre ellas un impulso y un control. Precisamente el Código de 1983, recogiendo las líneas maestras del Concilio Vaticano II, lo dice claramente. Para no entrar en la lectura de cánones deseo informarles que me voy a referir al 204 § 1 y al 225 § 1, pues del espíritu del § 2 ya se habló ayer bastante en relación con lo que sería la consecratio mundi y el testimonio (aspectos fundamentales, pero ya bien tratados).

No deja de inquietarme que alguno pueda intentar buscar solución a los problemas que nos ocupan en planteamientos que podrían traer consigo la negación del carácter jerárquico de la Iglesia, que es de institución divina. No me puedo extender, solamente lo dejo apuntado.

Bautismo y Christifideles

Fiel cristiano es aquel que es incorporado a Cristo en el Bautismo. O sea que el fundamento de toda identidad, derecho y deber surge de ese Bautismo. Este hecho maravilloso no se puede minusvalorar sin muy graves consecuencias.

El Bautismo incorpora a la persona al Pueblo de Dios y llama a todos los fieles a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo. No llama a todos de forma igual, sino a cada cual según su propia condición, o si se quiere vocación, en una perspectiva de comunión y corresponsabilidad en la misión de la Iglesia.

Al igual que los fieles clérigos, en virtud del Bautismo y de la Confirmación, el laico está destinado por Dios en primer lugar al apostolado, a la evangelización, que empieza por uno mismo. Esta perspectiva que recoge el Código, la subrayaba muy bien el Concilio Vaticano II. Consecuentemente, cada laico tiene la obligación, y goza del derecho, tanto personalmente como asociándose con otros, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los seres humanos en todo el mundo; obligación que apremia de manera aguda en aquellas circunstancias en las que sólo a través de su mediación pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo (1).

En consecuencia, la relación del fiel cristiano con la parroquia no puede prescindir de esta realidad fundante. En el caso del laico, no es ya un ciudadano de segunda categoría como alguna vez se lo trató, sino que su participación en la misión de la Iglesia nace de su llamado a ser cristiano, y del Bautismo, que es su partida de ciudadanía eclesial de pleno derecho. Su corresponsabilidad en la misión de la Iglesia se abre a la creatividad de concreciones que suscita el Espíritu Santo.

Ese llamado a ser cristiano, la vocación de cristiano, es iniciativa de Dios Amor que invita gratuitamente a su criatura a recibir los dones del Bautismo y más adelante de la Confirmación, cuando ello es posible. La unión con el Señor Jesús por el Bautismo es lo fundante en la pertenencia y comunión eclesial.

El llamado a ser cristiano es un llamado a la santidad. Esto es, a dejarse configurar a Cristo, no dejando estéril la gracia recibida. Es lo que también se suele llamar vocación a la santidad.

Es desde esta realidad de ser cristiano y vivir la vida cristiana y anunciar a Cristo, haciéndose vivo eco del Apóstol ("¡Ay de mí si no evangelizare!", 1Cor 9,6), buscando dar gloria a Dios con la propia vida, día a día, que todo fiel, y el laico en particular, se relaciona con la edificación y misión de la Iglesia, cooperando desde su libertad con la gracia recibida, en las diversas realizaciones de su existencia.

La parroquia es hoy un ámbito territorial (a veces personal), expresión de la diócesis. La relación fundamental de todos los fieles está en cumplir con la misión de la Iglesia, para sí mismos y los demás, recorriendo el camino de santificarse y de ayudar a los demás a encontrar a Jesús, amar a la Iglesia desde su mente y corazón, así como aplicarse en la transformación del mundo según el divino Plan. Obviamente esto se aplica a lo más, es decir a la pertenencia a la Iglesia y a la cooperación con su misión. Habría que entender que la parroquia como comunión de fieles no se pude comprender sin construirse sobre estas perspectivas que se abren a la pertenencia y a la universalidad de la Iglesia.

Evidencia referencial

Las características del mundo de hoy ofrecen una manifestación referencial de que la parroquia (como planteamiento global) se constata insuficiente para la vida cristiana del Pueblo de Dios. Esto no niega su importancia clave, pero sí alienta a una reflexión, y enrumba hacia un aggiornamento necesario.

Un ejemplo: una parroquia en Brasil de ochenta mil fieles, en la que en la celebración del Día del Señor, cumpliendo el precepto dominical, tan sólo participan entre seis y siete mil fieles. Y ésa es una parroquia con un índice de asistencia de lujo. Los ejemplos hacia un cinco por ciento o menos de participación en la celebración del Dies Domini se pueden multiplicar. Obviamente hay otros con mayores porcentajes, también.

Una ilustración, que va más allá de las estadísticas generales -que muchas veces no reflejan la acumulación de sacerdotes en un área, o la edad de los mismos, muchos de los cuales mayores o enfermos no pueden ya servir usualmente en su ministerio ordenado- puede ayudar. Digamos que hay un sacerdote para 8,000 personas... Imaginémonos uno de esos modernos centros comerciales atendido por una sola persona, y eso que no tienen 8,000 clientes. No es el mejor ejemplo, pues da la idea de un centro de servicios, pero pienso que ayuda a entender lo complejo de la labor parroquial de quien es insustituible en la parroquia: el sacerdote. Cuando pensamos en "megaparroquias", como en el ejemplo anterior, que son atendidas por dos sacerdotes (y no es infrecuente), a cada uno de ellos le toca servir pastoralmente a unos 40,000 fieles. A todas luces eso no parece humanamente posible. Por más agentes pastorales laicos que colaboren, las limitaciones de la labor del sacerdote, que como tal no puede ser reemplazado, son abrumadoras.

Alcance de la parroquia

Recordemos un poco de historia. El surgimiento de las cuasiparroquias y luego parroquias en diversos siglos obedece a un motivo práctico. Por ejemplo, en Estados Unidos y América Latina, en amplios territorios de misiones se tarda bastante para establecer parroquias por no ser prácticas para la vida cristiana de los fieles en las condiciones concretas de su realidad. ¿Y acaso no son muchas de las megápolis de hoy, territorios de misión?

Vida cristiana y aporte a la misión eclesial

Las personas integrantes o no de los movimientos eclesiales pertenecen a una circunscripción parroquial, pero su vida trascurre en un lugar diverso. No por eso, si una persona vive una vida cristiana y apostólica, aporta menos a la misión de la Iglesia. No por acudir a una capilla u otro templo diverso del parroquial-propio coopera menos con la misión de la Iglesia. Pienso que esto se debe anotar muy claramente.

Otro ejemplo: En los Andes peruanos hay miembros de los movimientos a cuyos lejanos poblados llegan los párrocos cada dos meses o más, a veces una o dos veces al año. ¿Cuál ha de ser su relación con la parroquia, si ella prácticamente no existe? Sin embargo, desde siglos pasados en tierras latinoamericanas la fe es conservada y transmitida por la piedad popular, las devociones locales y los "doctrineros" que hoy quizá llamaríamos catequistas laicos (para entendernos).

Sin intención de minimizar la importancia de la parroquia para aquellos a quienes llega y con quienes se puede relacionar, me parece que hay una exigencia de realismo que nace de la vida concreta del Pueblo de Dios que todos podemos constatar, y que nos habla claro de una amplia diversidad de realidades que deben ser tenidas en cuenta.

Revisiones necesarias

Ayer se dijo que la parroquia era un "microcosmos" del mundo, es decir una porción de una realidad más vasta. Esa realidad más amplia, ese macrocosmos, que clama por ser evangelizado, es el que sitúa con nota de realismo las coordenadas actuales de la parroquia y de su implicancia en la vida del fiel. Nuevamente, la ley ha de seguir a la vida; la estructura ha de seguir a la vida. La urgente revisión o reforma de la parroquia implica una labor sumamente compleja como que la realidad a la que se refiere es muy compleja. Desde lo que ya hemos apuntado, pasando por la ausencia creciente de sacerdotes, la desaparición del sentido de territorialidad o su insuficiencia, teniendo en cuenta que hay clérigos que no pocas veces se rebelan contra el ministerio parroquial, por ejemplo en los confesionarios vacíos de sacerdotes en muchas iglesias, hasta los problemas del agnosticismo funcional, el consumismo y el secularismo que vienen afectando esa realidad que hemos llamado macrocosmos, en que vivimos todos, la necesidad de la revisión de la parroquia queda en mayor evidencia.

Testimonio

El Movimiento de Vida Cristiana casi -subrayo el casi- no ha tenido problemas relacionados con parroquias, siendo usualmente bien acogido en la gran mayoría de las parroquias en donde ha brotado.

En aquellas parroquias en las que el párroco pertenece al Movimiento, la gracia de Dios ha permitido que la visión de comunión, la espiritualidad hondamente eclesial, la perspectiva de participación cooperadora, la adhesión constante al Magisterio, la conciencia difundida de que la evangelización requiere de muchas manos hayan movido a una vivencia de comunidad abierta a multiplicidad de personas y movimientos diversos, así como a recibir su aporte en la formación de una comunidad fraterna abierta en respeto al libre derecho de cada quien a seguir la propia espiritualidad y a cumplir su participación en la misión de la Iglesia sin obstáculos.

Termino estas muy incompletas pinceladas señalando que la realidad de América Latina, donde moran más de 500 millones de católicos, está en verdad gravemente urgida de nueva evangelización, y que pienso que se ha de buscar en las luces de la Revelación, en los planteamientos del Concilio Vaticano II y del Magisterio, así como en esa urgencia práctica de la vida que reclama un aggiornamento de las concepciones históricas accidentales, las categorías prioritarias que se deben atender para una redefinición de la parroquia y de la relación de los fieles laicos y de las nuevas formas de asociacionismo eclesial, los movimientos, con ella.


Notas

* Intervención en la mesa redonda sobre "Asociaciones, movimientos y nuevas comunidades en la parroquia: experiencias y cometidos", durante la XXI Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, sobre el tema "Redescubrir el verdadero rostro de la parroquia", 24-28 de noviembre de 2004. [Regresar]

1. Ver Código de derecho canónico, can. 225 § 1. [Regresar]

 


 

Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por el Movimiento de Vida Cristiana. Derechos reservados (©).

Este texto en versión electrónica solo puede ser reproducido por razones pastorales de la Iglesia sin introducir modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido. Deberá consignarse claramente la fuente. Se entiende que sólo puede ser usado en ediciones no comerciales y ajustándose a las condiciones estipuladas.