Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

En este Continente de la Esperanza
A 30 años de Medellín

 

Un día hace 30 años, el Papa Pablo VI besaba el suelo de América Latina en el aeropuerto El Dorado, en la ciudad de Bogotá. Por vez primera un Sucesor de Pedro visitaba tierras latinoamericanas, acontecimiento de especial trascendencia para la porción del Pueblo de Dios que peregrina en este Continente de la Esperanza. Ocurría este hecho casi cinco siglos después de que Cristóbal Colón plantara la Cruz sobre el suelo del Nuevo Mundo. Acontecimiento histórico también porque fue el mismo Pablo VI quien, en la ciudad de Bogotá, inauguraría la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se llevaría a cabo algunos días más tarde en la ciudad de Medellín.

Con la distancia de los años, que permite una visión en perspectiva de la Conferencia del Episcopado en Medellín, se debe reconocer con alegría la gran importancia que ha tenido en el continente. Para toda una generación, el auténtico Medellín ha sido una voz de entusiasmo y de esperanza. Ciertamente ha sido un jalón decisivo en nuestra historia eclesial latinoamericana. Se ha llamado a la reunión "Pentecostés de América Latina"..

Hace ya algunos años, el entonces Secretario General del CELAM, hoy Cardenal Alfonso López Trujillo, resaltaba el "espíritu de renovación" de la Iglesia manifestado en Medellín. Los documentos de la Conferencia fueron una profética interpretación de los signos de los tiempos en el Continente. Se trató de un primer paso en la renovación en la Iglesia impulsada por el Concilio Vaticano II. Fue un ensayo de aplicar el Concilio a la realidad concreta de América Latina..

El Medellín real sólo se puede entender bien cuando es visto como un hecho eclesial. Dentro de sus líneas fundamentales, cabe resaltar una opción concreta por el ser humano desde la fe de la Iglesia. Ello selló las reflexiones de los Pastores. Medellín no postula una visión fraccionada del hombre, ni reducida a alguno de sus aspectos; su visión es integral. La dependencia del pensamiento de Pablo VI no deja lugar a dudas. Esa referencia se convierte así en una de las indispensables bases hermenéuticas para una recta lectura del acontecimiento. Le preocupa "la totalidad del hombre", la salvación del "hombre entero". Nada más alejado de los dualismos de antaño o de los reduccionismos de hogaño que Medellín, que los ha descalificado desde su visión integral del ser humano y del desarrollo. Y es que su concepción de la persona se funda en la visión del Señor Jesús y por eso plantea el horizonte de un humanismo trascendente que, si bien ahonda en las realidades intramundanas, no se limita sólo a ellas..

Las Conclusiones de la reunión de Medellín apuntan hacia la acción, hacia una plasmación en la vida de hombres y de pueblos. La praxis que alienta Medellín se deriva de sus principales ideas-fuerza y se concretiza en los diversos aspectos de la realidad eclesial y social latinoamericanas sobre las cuales incide. Se constata cómo hubo en los obispos una clara conciencia del proceso de cambios sociales y culturales teniendo como meta la evangelización efectiva del Continente. La praxis eclesial que auspició Medellín no fue un llamado al activismo, a la acción por la acción. Fue una invitación a poner por obra lo que a la luz de la fe se veía y juzgaba como adecuado para la evangelización integral, respuesta al desafío de la transformación de América Latina..

A pesar de lamentables reinterpretaciones del mensaje de Medellín y de las dificultades en su aplicación, la riqueza de la reflexión realizada en la reunión del Episcopado ha sido un paso importante en la renovada evangelización de América Latina. Lejos de toda lectura ideologizada, la profundidad de sus planteamientos y lo certero de muchos de sus diagnósticos hacen que se pueda considerar Medellín como un gran gesto profético. Se trató de una toma de conciencia, una clara aceptación de la necesaria unidad de fe y vida, así como de las perspectivas de amor y comunión que nacen del misterio del Señor. Ha sido una voz de marcha hacia horizontes concretos de trabajo por la justicia, la paz, el desarrollo, la liberación cristiana, la reconciliación, la personalización y humanización de todos. Se trataba de vivir la fe de la Iglesia y tomar conciencia de que se debe remover todo aquello que contrasta con el Plan de Dios para el ser humano y su convivencia social, y abrir los amplios horizontes de comunión con Dios y de los hombres entre sí..

Se puede contemplar el camino recorrido en América Latina desde Río (1955), Medellín (1968), pasando por Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). Cada cual ha sido un hito importante en el itinerario de esperanza hacia el Tercer Milenio de la Fe. Hoy como ayer la Iglesia, bajo la guía del Santo Padre, se alza en medio de las grandes dificultades que viven las naciones como una antorcha viva que ilumina el caminar de personas y pueblos dando luz y calor, predicando con ardor al Señor Jesús, Hijo de María, que nos invita a recorrer el camino de la evangelización plena que lleva a la adhesión al divino Plan y a la edificación de una sociedad más justa, libre y reconciliada, a la Civilización del Amor.

 

Artículo de Luis Fernando Figari aparecido en el diario La República (Perú) el 27 de agosto 1998

 


 

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