Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

«Humanae Vitae»

 

El paso de la historia a través de la humanidad está dejando una sensación de inquietud y confusión; se vive un ambiente donde hay muchas cabezas desorientadas, quizá demasiadas, para poder contemplar el proceso en que vivimos con serenidad, sin turbación y con fidelidad en lo esencial que una coherencia elemental exige. Nuestro tiempo se funda en una serie de ambientes superficiales y mecanizados que han llevado al hombre a una alienación casi total, convenciéndolo de la necesidad de su "divinización". Una problemática exageradamente humana ha conducido a la creación del dios-yo, en un vano intento de evasión del estado robotizado, que se hace difícilmente soportable a la naturaleza humana.

Es en esta situación donde el Papa Pablo VI ha tenido que decir su palabra sobre un tema tan espinoso para el materializado hombre actual como es el del control de la natalidad. La Encíclica Humanae Vitae, en la que con total fidelidad a la doctrina católica se condena radicalmente todo uso de anticonceptivos, ha producido reacciones deplorables en algunos países europeos, donde un hombre-centrismo laicista se ha convertido en la fe del siglo, minando duramente las bases de la civilización cristiana. Si lugar a dudas, un humanismo que todo lo reduce a lo temporal, relegando o proscribiendo para siempre el ámbito sobrenatural, se está convirtiendo en el verdugo del hombre en sí. La reacción parcialmente negativa con que un sector de los cristianos ha recibido la palabra del Sumo Pontífice es un claro indicio de cómo el hombre actual esta bajando, y, sin duda, ha bajado ya en forma pronunciada, a vivir en un plazo humano de lo temporal, de lo terreno, y a poner al hombre en un pedestal de mecánico y caprichoso lujo, como si fuera el rey del universo y no hubiera más que él.

Muchos parecen olvidar que si bien el hombre es libre, tiene una serie de derechos, y que sobre todo ello no es nada en si mismo sino en tanto es producto de lo trascendente al mundo del hombre. De ahí que, si e considera grande al hombre en el orden natural, lo es todavía mucho más en el plano de su elevación a un orden sobrenatural. El objetivo de la existencia se pierde las más de las veces de vista, y es por ello que los hombres tienen una existencia falsa, superficial, en la que más parecen animales "pensantes" que hombres con un fin trascendente. Es indispensable tener siempre presente que el hombre por su naturaleza caída está condenado a ser víctima de una vida rodeada de materia, frente a la cual puede ceder, convirtiéndose en su esclavo, o trascender en búsqueda de la perfección espiritual. Para comprender cabalmente el único sentido que el pronunciamiento del Papa podía tener, y de hecho ha tenido, es necesario recordar que una comprensión auténtica del hombre cristiano nos lleva, como lógica consecuencia, a rechazar una vida de blandura, acomodaticia y abúlica, para entenderla más bien como lucha constante, como milicia permanente. No por nada Su Santidad, no hace mucho, nos ha dicho que "las cosas fuertes, grandes, hermosas, perfectas y difíciles exigen un renunciamiento, un esfuerzo, un compromiso, una paciencia".

La tarea fundamental del hombre es la de entregarse al cumplimiento de su misión sobrenatural y eterna, teniendo como medio para ello la vida. Es tarea de los conscientes aprestarse a la lucha contra el materialismo que invade el mundo, y procurar a través de sus esfuerzos y sacrificios conducirse hacia una realización en clave espiritual que, sin duda, brillará como ejemplo frente a tanta corriente desviada y equívoca que se ve por doquier. La tarea fundamental del hombre es, pues, realizarse como un todo, perfeccionamiento que se logra cuando más se va acercando al espíritu, no a través de un huir de la materia, sino por medio de ella, dominándola, superándola. El Papa Pablo VI nos habla claro sobre el "dominio de sí mismo" y el triunfo de la libertad, aquella que se da en la Verdad y la Fe, sobre el libertinaje, en el sentido de que la función de la materia es la de servir de marco de perfeccionamiento al hombre, para que éste pueda, en la medida de su naturaleza y fortaleza, doblegarla y orientarla al único fin que en verdad importa.

La encíclica Humanae Vitae responde prístinamente a una auténtica dimensión de la vida cristiana, ubicándose en el más ortodoxo campo doctrinal, garantizando de esa forma la esencial tradición del dogma y demostrando tener conciencia clara de la grave materialización del mundo por la cual se ha pretendido, felizmente sin resultado, llevar a la Iglesia.

Frente a este claro y ponderado pronunciamiento del Papa sólo nos queda recordar lo que hace casi cinco siglos expresara sabiamente el poeta: "Este mundo es el camino para el otro que es morada sin pesar".

1968

 

Luis Fernando Figari

 


 

Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

La versión electrónica de este documento ha sido realizada por el Movimiento de Vida Cristiana. Derechos reservados (©).

Este texto en versión electrónica solo puede ser reproducido por razones pastorales de la Iglesia sin introducir modificación alguna y manteniendo la integridad de su sentido. Deberá consignarse claramente la fuente. Se entiende que sólo puede ser usado en ediciones no comerciales y ajustándose a las condiciones estipuladas.