Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

Un consagrado peruano al sínodo

Entrevista a Luis Fernando Figari,
Fundador del Movimiento de Vida Cristiana

Fe y Familia, n. 344
Arequipa, Domingo 2 de Octubre de 2005

 

(FeyFamilia/02Oct.05).- El día de hoy se inaugura el Sínodo de los Obispos en el Vaticano. Luis Fernando Figari, consagrado peruano, Fundador de la Familia Sodálite y Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, que ha sido invitado por el Papa Benedicto XVI a participar como auditor en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, ha accedido a una entrevista con nosotros.

—¿Qué es un Sínodo?

—El Sínodo de los Obispos es una institución creada por el Papa Pablo VI. El Santo Padre preside como Vicario de Cristo una asamblea de obispos para reflexionar sobre asuntos de gran interés para la Iglesia. Es una expresión de la comunión de todos los obispos con Pedro, que es el primero en el orden episcopal. La Asamblea General del Sínodo tiene amplia competencia según lo establecido por el Papa al convocarlo. Ella contribuye con sus consejos a la conservación de la fe y la acción de la Iglesia en el mundo.

—¿Cuál es la importancia de un Sínodo para la Iglesia?

—Es un mirar hacia adentro y reflexionar cómo mejor vivir cristianamente y evangelizar A la fecha se han realizado ya 10 Asambleas generales ordinarias del Sínodo. Y cada cual ha tenido su propia importancia. Como consecuencia de la Asamblea Especial del Sínodo para América, por ejemplo, el Papa Juan Pablo II hizo un documento, la “Ecclesia in America”, que inspira a los hijos e hijas de nuestras tierras en su adhesión al Señor Jesús. En él hacía una preciosa presentación de lo que veía en el caminar del Pueblo de Dios en América. Su vigencia es de una actualidad impactante.

—Este Sínodo se realiza a finales del Año de la Eucaristía.

—Precisamente el Sínodo tratará el tema “La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia”. En este año en que la Iglesia ha puesto de manera especial su mirada en el Sacramento de los sacramentos, y en que se ha profundizado en el misterio de la Eucaristía, poner la mente y el corazón en la magna realidad que el Concilio designó como fuente y culmen de la Iglesia resulta algo natural. Me parece fundamental “tomar el pulso” sobre la conciencia de la Presencia Real del Señor en la Eucaristía, la valoración del sacrificio amoroso y gratuito de Jesús, de cómo se vive la dimensión del sacrificio sacramental, sobre la participación en la Eucaristía del Domingo, y tantos otros temas fundamentales para la vida cristiana.

—¿De qué manera participan los auditores en los trabajos del Sínodo?

—Los auditores participan en el Sínodo con la oración, el estudio de los temas, la escucha, la reflexión y con la posibilidad de expresar sus puntos de vista en las comunicaciones de las Sesiones Plenarias y en los Círculos Menores, es decir en aquellas comisiones en que se divide la Asamblea para reflexionar con mayor flexibilidad y facilidad de diálogo.

—Calculo que deben haber aspectos como los del mundo secularizado que afectan la vida cristiana y, por otro lado, un pueblo creyente que muchas veces no vibra con la Eucaristía.

—Efectivamente vivimos un tiempo que ha sido calificado por el Papa Juan Pablo II como de “cultura de muerte”. El relativismo, el cuestionamiento de la verdad, el subjetivismo y tantas otras características de nuestro tiempo son oscuros factores que inciden sobre la vivencia de la Eucaristía. Constantes enseñanzas del Magisterio reiteran a los fieles el precioso don de la Eucaristía. El Catecismo de la Iglesia es también muy claro. Pero para llegar al fiel concreto, todo ello lamentablemente se enfrenta con la dificultad de difusión a través de medios seculares. Así, esta situación afecta la identidad del católico y ello repercute sobre la conciencia de algunos o de muchos sobre la extraordinaria maravilla que es la Eucaristía. A Dios gracias este año ha servido para profundizar en la identidad católica respecto al Magno Sacramento.

—A pesar de lo breve de la entrevista, quisiera tener su opinión sobre algunos de los principales obstáculos que ve usted para que los católicos vivan adecuadamente el inmenso don de la Eucaristía.

—Ante todo me parece que falta una conciencia más intensa de que la Eucaristía es la prolongación del mismo Sacrificio de Jesús en el Gólgota. El pan y el vino son transubstanciados en la Carne y Sangre del Reconciliador. ¡Él está presente! El valor inestimable de este don del sacrificio sacramental debería conducir a la maravilla continua. Pero al lado de una cierta superficialidad en no pocos, está también la rutina. Llama la atención ver a tantos acercarse a comulgar, y por otro lado ver los confesionarios vacíos o cerrados.

—La disminución de las confesiones es un tema del que se ha hablado mucho. Y es verdad que muchos comulgan.

—El Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, no hace muchos meses ponía en guardia contra “la práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Santa Comunión, simplemente por estar presente en la celebración de la Misa”. Decía entonces el Cardenal que “es un abuso que debe ser corregido”. Debe reconocerse que ha habido una costumbre nada sana de insistir mucho en el aspecto Cena, y se ha dejado de lado el elemento central de Sacrificio y la adoración. El que en verdad cree y está dispuesto, debe prepararse debidamente como enseña la Iglesia para recibir la Sagrada Comunión.

—En el documento de trabajo para el Sínodo también se menciona la necesidad de la Iglesia de contar con más sacerdotes. ¿Cómo responder a esta urgencia necesariamente vinculada con la Eucaristía?

—El sacerdocio es una vocación de Dios. Es decir, Dios Amor llama a un hombre a ser sacerdote. Es verdad que el número de respuestas a ese llamado ha disminuido. Pero Dios sigue llamando, lo que falta es sensibilidad, silencio interior, conocimiento personal, generosidad y valor, entre otras cosas, para responder a Dios que llama. Es curioso pero la gente que percibe signos de un llamado de Dios se asusta. Quizá por la incomprensión dura, a veces violenta y atentatoria contra la dignidad humana, a la que en no pocos casos estas personas son sometidas. Esto podría explicarse por la falta de un ambiente cristiano. Por doquier se ve un irrespeto a los derechos humanos. El fenómeno de la presión contra quien da pasos vocacionales forma parte de esa lamentable corriente que atenta contra la libertad y dignidad de la persona. Hay que profundizar en los derechos y dignidad humana como enseña la Iglesia. Hay que valorar la libertad de la persona humana. Hay también muchos padres y madres ejemplares que se acercan a sus hijos con amor sincero y los acompañan respetuosamente en el discernimiento. Hay que ayudar a crear un mayor ambiente cristiano, favorecer la vida cristiana en el hogar, y una pastoral vocacional más educativa.

—Por último, ¿cómo toma esta designación del Santo Padre?

—Con una inmensa gratitud y con una conciencia muy grande de la responsabilidad que implica.