Hace once años, en el estadio de Colonia-Müngersdorf, en Alemania, el Papa Juan Pablo II beatificaba a Edith Stein, cuyo nombre de religiosa carmelita era Teresa Benedicta de la Cruz. Se trataba de un acontecimiento muy especial. Teresa Benedicta o Edith Stein pertenecía al pueblo hebreo y fue asesinada en el campo de concentración de Auschwitz, a los 51 años de edad, en 1942, en su condición de cristiana. Luego del proceso correspondiente, el mismo Sumo Pontífice la declara santa de la Iglesia el 11 de octubre de 1998.
Se puede recordar a Teresa Benedicta por muchas cosas. Entre ellas, porque fue una brillante intelectual que perteneciendo a la escuela fenomenológica de Edmundo Husserl, de quien fue asistente, fue acercándose a la filosofía perenne del tomismo. Ya en 1929 en su obra "La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás" se empieza a apreciar esto con claridad. Su filosofía abre un horizonte apasionante. Sus trabajos sobre la mujer según la naturaleza y la gracia constituyen un hito fundamental en el proceso de recuperación de la auténtica dignidad femenina. Sus escritos de carácter místico muestran el vuelo de una persona que es elevada por la gracia a las alturas de la contemplación.
Entre las ricas dimensiones de su existencia, sin duda fue decisiva su vinculación con el tema de la reconciliación. Ya, de una manera evidente, se ve cómo en ella se da la conciliación de la intelectual y de la mística, todo un símbolo para nuestro tiempo descreído. De una personalidad sencilla y de abisales profundidades. Igualmente de la hebrea y de la seguidora del Señor Jesús hasta la muerte, pues más que arrebatada a la muerte Teresa Benedicta entregó amorosamente su vida desde la honda convicción de su fe, por la paz y por el pueblo judío, entonces perseguido por los nazis. Se veía a sí misma como una pequeña Esther. Si bien no se puede comprender su vida ni el alto vuelo que alcanzan sus escritos sin su adhesión al cristianismo, igualmente es evidente el sustrato hebreo desde el que se encamina al encuentro con el Señor Jesús. Esta hermosa dimensión en que lo judío se integra en su rica personalidad cristiana no ha pasado desapercibida. Su bautismo de manos del padre Breitling, en enero de 1922, la embarga de júbilo y paz. La ceremonia de su confirmación en la fiesta de la Purificación, en la capilla de Speyer, fue para ella una experiencia extraordinaria. Sellada por el Espíritu divino su fogosa búsqueda de la verdad ha encontrado una fuente insaciable a la que se abraza con todo su ser. Su impulso la llevará a profesar en el Carmelo. Ciertamente se siente hija de la Iglesia a la que ama apasionadamente, pero respeta sus orígenes. De allí que personalmente fuera a comunicarle en Breslau a su madre, judía piadosa: "Mamá, me he convertido a la fe católica". El Papa Juan Pablo parecería haber hecho una implícita alusión a ese aspecto cuando en su beatificación aludió a Teresa Benedicta como "una hija de Israel de nuestro siglo" y añadió en otro momento: "El hecho de que en esta celebración litúrgica se hallen también presentes hermanos y hermanas judíos, sobre todo familiares de Edith Stein, nos llena de sentimientos de alegría y gratitud".
Yom Kippur
Nació en el día en que se celebraba el Yom Kippur. En 1933, en "Recuerdos de la vida de una familia judía", escribía: "La fiesta judía más solemne era la de la Reconciliación ('Yom Kippur'). En ese día era la única vez al año que el Sumo Sacerdote debía entrar al 'Sancta Sanctorum' y ofrecer por sí y por todo el pueblo judío el sacrificio de reconciliación, realizando el acto expiatorio que lava los pecados del pueblo». Ciertamente confiesa en su escrito autobiográfico publicado con el nombre de 'Estrellas amarillas', que esta Fiesta de la Reconciliación "era la celebración que más me atraía".
Esa experiencia la lleva desde los inicios de su conversión a adherirse intensamente a la Cruz del Señor. Así como tiene una intensa devoción al Niño Jesús, vive admirando y amando la "energía redentora de la Cruz". Es para ella el símbolo elocuente del amor de Dios que viene a cancelar la ruptura producida por el pecado. "El fruto de la muerte en cruz es la redención", proclama. Y su vida así lo expresa.
No pocas veces se vio como víctima de holocausto unida al Señor Jesús. En el nuevo día de la Reconciliación, el Viernes Santo, se pasaba la jornada en la Iglesia rezando intensamente. El Cardenal Wetter señala que "el día en que Dios reconcilió al mundo consigo a través de la Cruz de su Hijo era para ella un día especialmente santo".
Edith Stein autora de la 'Ciencia de la Cruz', incansable contempladora del misterio de la Reconciliación, fue invitada a ofrendar su vida como cristiana de origen hebreo, y lo hizo plena de fe y de esperanza, con el corazón amorosamente unido al Reconciliador. Llegado el momento se abrazó a la terrible cruz que se le presentaba. 56 años después, la Iglesia la confirma como una dilecta hija que ha triunfado y mantenido heroicamente la fe dando testimonio del amor que brotaba a raudales de su corazón.
Artículo de Luis Fernando Figari aparecido en el diario Arequipa al día (Perú) el 12 de octubre de 1998
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