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Algunos ecos del Concilio

 

El Concilio Plenario de la América Latina se realizó hace cien años en Roma. Fue un episodio trascendental para la Iglesia que peregrina al sur del Río Grande. A invitación del Papa León XIII, decenas de Prelados latinoamericanos emprendieron viaje a Roma. La reunión de los Pastores en la Ciudad Eterna ha tenido efectos que se han prolongado a lo largo del siglo XX. Incluso algunos de los textos que entonces produjeron los Obispos mantienen su vigencia de cara al futuro de la evangelización. Los documentos del Concilio Plenario son, además, un ejemplo de seriedad y profundidad teológica y de amor a la Iglesia.

La prensa de los pueblos americanos, así como la de otros países, se ocupó del encuentro episcopal. En Roma, "L'Osservatore Romano" así como "La Civiltà Cattolica" dedicaron algún espacio en sus páginas a tratar de asuntos relativos a la reunión latinoamericana y a sus participantes.

 

"La Civiltà"

Nació la revista, cuyas publicaciones consideraremos en esta ocasión, en torno al movido '48 europeo. Entonces un grupo de pensadores jesuitas analizaba cómo expresar el pensamiento católico ante un mundo que veían en anarquía intelectual. El padre Johann Roothan, Prepósito General, no veía con mucha simpatía el proyecto ante la fragilidad de la entonces recientemente restaurada Compañía de Jesús, después de su supresión en 1773 por el Papa Clemente XIV. Pero en 1850, el Papa Pío IX "ordenó desde su autoridad que los jesuitas italianos iniciasen la publicación de una revista o periódico popular en lengua italiana, que combatiese los errores modernos y al mismo tiempo defendiese la doctrina católica y los intereses de la Santa Sede ante los ataques de los liberales y de los racionalistas", como ha publicado la misma revista.

 

¿Qué publicó?

Según he podido ver, el quincenario "La Civiltà" trata del Concilio en cuatro ediciones sucesivas. La primera es del 17 de junio de 1899. En ella da cuenta de la sesión solemne de apertura del Concilio Plenario realizada el 28 de mayo. Dedica una buena parte de las cuatro páginas en que trata del evento a la historia del Pío Colegio Latinoamericano, donde se realizaba el encuentro episcopal. Publica el elenco completo de los participantes, así como la noticia de un homenaje a la Virgen de Luján en el Pío Colegio. Dedica propiamente al Concilio poco más de una página, en forma de una especie de crónica.

La segunda nota es una descripción de la ceremonia de la Sociedad romana para los intereses católicos realizada en el palacio Altemps. En ella se recoge el eco de las palabras del Arzobispo de Quito, Rafael González, a nombre de los prelados participantes en el Concilio Plenario, y un testimonio personal del Pastor ecuatoriano. Se menciona también la "Proyección luminosa de bellísimo efecto" que presentó a los participantes a través del uso de la tecnología imágenes de los "más antiguos monumentos y memorias de la Arqueología Cristiana".

 

"Americanismo"

La tercera nota resulta muy significativa. Es una rectificación realizada en nombre del Arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera, ante una publicación del New York Herald. Bajo el título de "Existencia de Disensiones", el diario norteamericano inventaba unas declaraciones del Prelado colombiano al que ubicaba en una supuesta "disensión" en relación al Concilio y su orientación "latinista", colocándolo del lado del "Americanismo de la América inglesa". El Prelado desmintió categóricamente el asunto. Sin duda el trasfondo era la censura formal al "Americanismo" hecha pocos meses antes por el Papa León XIII, así como el pronunciamiento contra dicho error que hacía el Concilio Plenario. También se destacaba en la nota la unidad entre los Padres conciliares, de la que hay muchos testimonios.

 

Última nota

La revista, en su sección de "Crónica Contemporánea", trata en su cuarta mención de la clausura del Concilio, así como de la audiencia especial concedida a los Pastores por el Papa León XIII, el 10 de julio de 1899. El modo de describir lo acontecido se puede ver, por ejemplo, en el relato de la firma de la promulgación de los Decretos del Concilio. Se lee que uno a uno los Pastores se acercaban al Altar, "sobre el cual, a la derecha, se encontraban los decretos a suscribir. Cuando llega el turno a Mons. Jara, Obispo de Ancud (que estaba gravemente enfermo), el Presidente Mons. Tovar, Arz. de Lima, expresa que es deseo del mencionado Obispo firmar también él los decretos, por lo que propone que dos secretarios, acompañados del Maestro de Ceremonias y dos notarios, se acerquen al enfermo para la firma. Por lo tanto los referidos salieron del aula, retornando poco después, con la firma de Mons. Jara que estaba muy satisfecho de haber podido cumplir aquel acto".

Llama la atención que las notas que "La Civiltà" publicó sobre el Concilio Plenario no tuviesen la magnitud que se hubiera esperado, ni tampoco mostrasen la atención que otras publicaciones de ese tiempo concedieron al gran evento de la Iglesia en América Latina.

 

Luis Fernando Figari

 


 

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