Subsidios/Escritos de Luis Fernando/

100 años del Concilio

 

Hace cien años el día domingo 28 de mayo, celebrando la Santísima Trinidad, se inauguró el Concilio Plenario para la América Latina. Se trata del gran evento que desde muchos años atrás venía impulsando el Papa León XIII y que congregaba en Roma a los Obispos de las repúblicas latinoamericanas. Era la reunión de la identidad latinoamericana centrada en la fe de la Iglesia, en torno a la Cátedra de Pedro.

La Capilla del Colegio Pio Latinoamericano en Roma se vio colmada por los Pastores representantes de la Iglesia que peregrina en América Latina y por numeroso clero.

El Cardenal Angelo Di Pietro, Prefecto de la Sagrada Congregación del Concilio, bajo cuya responsabilidad se había preparado el gran encuentro de los Obispos latinoamericanos, fue nombrado por el Santo Padre como Delegado Pontificio. Se recordará que en aquellos tiempos el Papa estaba confinado al Vaticano debido a la situación política en Italia.

Con toda solemnidad a las nueve y media de aquella mañana romana, el Cardenal Delegado Papal ingresaba a la Capilla convertida en Aula Conciliar. Inició su alocución diciendo: "Honor y gloria tribútense a Dios, dador de todo bien, que rico en bondad, aun en los tiempos más aciagos, dispone con suavidad y fortaleza cuanto conviene a la Religión y a la Iglesia. Merced a su divina Providencia, y vencidos felizmente los obstáculos que la impedían, vemos por fin realizada esa reunión que tanto deseábamos, de un Sínodo Plenario de toda la América Latina".

 

Objetivos

El Cardenal, luego de saludar a los Obispos presentes en nombre el Papa León XIII, enumeró los objetivos del Concilio. Ante todo la mayor gloria de Dios. Luego la defensa y propagación de la fe católica, acompañadas del aumento de la piedad y la religiosidad de las gentes. Destacó la salvación de las personas. Mencionó también el decoro y disciplina del clero, que resultaba ser uno de los objetivos principales de las reformas a las que habría de dar lugar el Concilio.

El distinguido Purpurado se dirigió a los Pastores latinoamericanos, diciéndoles: "La larga experiencia que ha adquirido la Iglesia en estas asambleas de Prelados, justifica abundantemente la esperanza que cifra en la utilidad de vuestros trabajos y estudios".

 

Una larga historia

Al lado de las experiencias cercanas como los sínodos de Baltimore, Valladolid y otros, sin duda el Cardenal Di Pietro tenía en mente la larga historia de los concilios en América Latina. Ciertamente, entre ellos, los trascendentales concilios provinciales limenses que abarcaban a la Iglesia desde León en Nicaragua hasta La Plata y Tucumán, en Argentina, y Santiago y La Imperial, en Chile. Los concilios provinciales dependientes de la sede de Lima se celebraron en 1552, el primero, 1567, el segundo, y 1582-83 el famoso III Concilio Limense, presidido por Santo Toribio de Mogrovejo. En la zona norte del Continente, luego de las juntas eclesiásticas de la llamada Nueva España y el Caribe celebradas en varias ocasiones desde 1524 a 1544, se realizó el I Concilio Provincial de México en 1555. A éste siguió el segundo en 1565 y el tercero en 1585. En Brasil, corriendo el 1707, se realizó un importante sínodo arquidiocesano en San Salvador de Bahía, sede primada del Brasil, que incluía circunscripciones africanas. Más adelante se realizaron diversos sínodos de carácter nacional como los habidos en Colombia y Ecuador.

 

Característica especial

La presidencia del Concilio Plenario fue de carácter rotativo, a propuesta del Arzobispo de Lima. Diversos Pastores ocuparían ese puesto de servicio de acuerdo a un orden preestablecido. El presidente actuaría en calidad de Delegado Especial del Santo Padre. Así, en la primera sesión solemne ocupó la presidencia el Arzobispo de Santiago de Chile, Mons. Mariano Casanova, quien desde 1888 estaba participando activamente en la génesis del Concilio. Tocó al Arzobispo de Lima, Mons. Manuel Tovar, en calidad de Delegado Apostólico, dirigir la sesión final del Concilio. Por ello su firma aparece encabezando las de sus hermanos en el episcopado en el título de promulgación y ejecución de los Decretos del Concilio Plenario de la América Latina.

 

En marcha

Tras la solemne celebración de la Misa, cantada por Dom Jerónimo Thomé Da Silva, Primado del Brasil, el Arzobispo de Santiago procedió al desarrollo de la primera sesión. Todas las actividades del Concilio fueron puestas bajo el amparo de La Inmaculada Virgen María. También se pidió la intercesión de San José, así como de los Santos Patronos de todas las naciones latinoamericanas.

Mons. Casanova procedió a pronunciar un discurso en su condición de Delegado Apostólico. En él se plantearon diversas disposiciones de carácter funcional para la marcha del gran evento de fe latinoamericano. En la exhortación final hecha por Mons. Mariano Soler, Arzobispo de Montevideo, se percibe el horizonte de esperanza con que se inició el Concilio al leer la invocación al Espíritu del Señor pidiendo que se digne "llenar nuestra América y renovar su faz por todos lados".

 

Luis Fernando Figari

 


 

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