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X. LA INTRODUCCIÓN A LAS CONCLUSIONES


[116]

La lectura de la Introducción también ofrece unas grandes líneas, coincidentes con las del Mensaje, que se perciben como expresión de Medellín, y como claves que ayudan a mejor desentrañar su naturaleza más profunda.

OPCIÓN POR EL HOMBRE

El episcopado centra "su atención en el hombre de este Continente"[117], y explícitamente se sitúa con el Concilio Vaticano II y con la visión de Pablo VI en la perspectiva de "servir al hombre"[118], nacida de la misión pastoral y del "interés religioso más auténtico"[119].

Medellín no postula una visión fraccionada del ser humano, o reducida a lo económico. Su visión es integral. La dependencia del pensamiento de Pablo VI no deja lugar a dudas, y se convierte así en una de las bases hermenéuticas para una recta lectura. Le preocupa el hombre concreto, "la totalidad del hombre", la salvación del "hombre entero"[120]. Nada más alejado de los dualismos de antaño o de las visiones erradas y reduccionismos de hogaño que Medellín. Su concepción del ser humano se funda en la visión del Señor Jesús y por eso planteará el horizonte de un humanismo trascendental que, si bien no las ignora, no se detiene en las realidades intramundanas[121]. Para evitar cualquier equívoco los Obispos citan extensamente en el mismo texto de su Introducción el famoso número 21 de la Populorum progressio, en el que el Papa Montini presentaba un esquema ascensional de las condiciones menos humanas a las más humanas[122].

COMO IGLESIA EN AMÉRICA LATINA

Medellín no fue un encuentro de peritos, técnicos u asesores, a pesar de la presencia de éstos, sino de Pastores de la Iglesia preocupados por las tareas de evangelización en un Continente quebrado por múltiples rupturas. Precisamente por eso han dicho en su Mensaje: "No tenemos soluciones técnicas ni remedios infalibles"[123].

Los Obispos hablan como Pastores, como Iglesia. Y lo hacen desde una perspectiva situada históricamente, desde la propia identidad histórica y teologal del Pueblo de Dios. Hablan de los "surcos del Evangelio en nuestras tierras", de la presencia evangélica "en las diversas culturas", así como constatan que al lado de los grandes aportes, se han producido también algunas sombras[124]. Los Obispos hablan sin triunfalismos, con realismo y siempre desde una visión anclada en el horizonte de eternidad. Su claro pensamiento recoge unas inequívocas palabras de Pablo VI: "tomamos consciencia de la "vocación original" de América Latina: "vocación a aunar en una síntesis nueva y genial, lo antiguo y lo moderno, lo espiritual y lo temporal, lo que otros nos entregaron y nuestra propia originalidad""[125].

METODOLOGÍA ECLESIAL DE LECTURA

La suma de ambas perspectivas sitúa a los Pastores ante una clara metodología de análisis y lectura de la realidad, que ellos mismos se encargan de explicitar, casi diríamos en gesto profético que buscaba impedir los errores en los que luego caerían algunos: "La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico del hombre latinoamericano a la luz de la Palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre (ver GS, 22)"[126]. Es la luz de la Palabra la que ilumina las realidades y, por lo mismo, la que las juzga. No será otra la concepción del Papa Juan Pablo II, en Lima, cuando refiriéndose a erróneas teologías de la liberación, dijo: "El Evangelio de Cristo juzga al mundo y no el mundo al Evangelio"[127]. La aproximación a los hechos se hace siempre a la luz de la fe, y desde ella se leen y se percibe su sentido, y se busca la modificación de lo que no se ajusta al designio divino. Explícitamente declaran los Obispos que en su visión de la necesaria transformación se expresa el anhelo "de integrar toda la escala de valores temporales en la visión global de la fe cristiana"[128].

TRANSFORMACIÓN, DESARROLLO Y LIBERACIÓN

El diagnóstico episcopal parte de la constatación de una América Latina que está bajo el signo de la transformación rápida y global que preanuncia una nueva época "de emancipación, liberación de toda servidumbre, de maduración personal e integración colectiva"[129]. Interpreta el ansia de transformación y desarrollo como signo del Espíritu, y situándose en el surco de la enseñanza de Pablo VI[130], plantea un sugerente enfoque antropológico que será una de las bases de la reflexión teológica sobre la reconciliación, que vendrá luego con mayor intensidad en la historia del Pueblo Peregrino: "No podemos dejar de descubrir en esta voluntad cada día más tenaz y apresurada de transformación, las huellas de la imagen de Dios en el hombre, como un potente dinamismo. Progresivamente ese dinamismo lo lleva hacia el dominio cada vez mayor de la naturaleza, hacia una más profunda personalización y cohesión fraternal y también hacia un encuentro con Aquél que ratifica, purifica y ahonda los valores logrados por el esfuerzo humano"[131].

Los Pastores presentan una interesante visión del Exodo de Israel de Egipto estableciendo una relación entre la experiencia de "la presencia salvífica de Dios cuando lo liberaba de la opresión de Egipto" con la experiencia de "su paso que nos salva cuando se da "el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas"", pasando a describir éstas con la cita del número 21 de la Populorum progressio, que culmina con la humanización plena en el llamado a participar filialmente en Cristo en la vida de Dios[132].

A la luz de esta enseñanza de los Obispos se pueden sacar varias conclusiones importantes:

1. En el Medellín real no existe una oposición entre desarrollo y liberación, más bien habría una relación[133].

2. La misma naturaleza de lo afirmado pone de relieve el vínculo entre salvación y liberación, pero cuidando no reducir a esta última a una liberación intramundana, sino abriéndose a la dimensión de participación filial en Dios, a la salvación en el Señor Jesús. Esta perspectiva se puede encuadrar con las enseñanzas de Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi[134].

3. Así, la liberación entendida como desarrollo humano trascendental es explícitamente señalada y descrita. Nada se ve de los conceptos reductivos de la liberación que algunos han echado a rodar después.

4. El cuidadoso acento sobre la acción salvífica de Dios y su don ofrece una visión pascual de la liberación que se inscribe como la característica de ese gran tema en Medellín.

PRAXIS

Es necesario constatar, analizar, hablar, pero no es suficiente: "es menester obrar", señalan los Obispos. Aludiendo implícitamente a la encíclica Populorum progressio de Pablo VI que invitaba, precisamente, "a la obra" y explícitamente al criterio del Cardenal Eugenio de Araújo Sales[135], declaran que "con dramática urgencia" es "la hora de la acción"[136].

MARÍA

No parece justo pedirle a Medellín lo que dio Puebla, once años después. Sin embargo, una mayor profundización cristológica y mariológica no hubieran estado de más. La presentación sistemática de temas que hicieron los Padres en Puebla ha sido un muy valioso aporte a la reflexión teológica y a la maduración eclesial en América Latina.

En el Mensaje y en la Introducción aparecen dos breves referencias a María que hablan de la piedad mariana de los entonces reunidos. "Ponemos bajo la protección de María, Madre de la Iglesia y patrona de las Américas, todo nuestro trabajo y esta misma esperanza, a fin de que se anticipe entre nosotros el Reino de Dios"[137], dice el primero. En el segundo, se afirma con un sugerente sentido pneumatológico: "En esta Asamblea General del Episcopado Latinoamericano se ha renovado el misterio de Pentecostés. En torno a María, como Madre de la Iglesia, que con su patrocinio asiste a este Continente desde su primera evangelización, hemos implorado las luces del Espíritu Santo y, perseverando en la oración, nos hemos alimentado con el pan de la Palabra y de la Eucaristía. Esa Palabra ha sido intensamente meditada"[138].

Resulta interesante señalar cómo en ambos casos los Obispos hacen uso del título "Madre de la Iglesia", proclamado por el Papa Pablo VI al finalizar la III Sesión del Concilio Vaticano II, para resaltar "la función maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano"[139].

[116]En adelante: Introducción.

[117]Introducción, 1.

[118]S.S. Pablo VI, Discurso de clausura del Concilio Vaticano II, 7/12/65, 6. El Papa Pablo traza en este mensaje, con perfiles muy sugerentes, una visión de "liberadoras y consoladoras ascensiones" para encontrar a Dios "por la vía del amor fraterno".

[119]Lug. cit.

[120]Introducción, 5.

[121]Ver S.S. Pablo VI, Populorum progressio, 16.

[122]Ver allí mismo, 21 y 22.

[123]Mensaje, 3.

[124]Ver Introducción, 2.

[125]Introducción, 7. Nada de rupturas, ni sincretismos de planos diversos o inasimilables, sino "síntesis", poner en común, unir, sobre la base de lo recibido, lo que es compatible con ello. Esto resulta fundamental, pues todo proyecto de profundización y desarrollo debe guardar una armonía con lo que le da sustento, de manera tal que sea un despliegue o crecimiento homogéneo. Con la excusa de interpretación o de desarrollo no es legítimo "cambiar sustancialmente", como han hecho algunos distorsionando Medellín.

[126]Introducción, 1. Precisamente el texto de la Gaudium et spes, 22, es central en el "antropocentrismo teologal". Los Obispos señalan muy bien la naturaleza del humanismo que están proclamando y que no se ve cómo pueda haber sido confundido por algunos con otras visiones alejadas o contrarias al cristianismo.

[127]S.S. Juan Pablo II, Mensaje a los sacerdotes y seminaristas, Lima, 14/5/88, 8.

[128]Introducción, 6.

[129]Introducción, 4.

[130]La Introducción hace referencia a pie de página al n. 15 de la Populorum progressio, "Vocación al crecimiento", pero sin lugar a dudas ella se puede hacer extensiva a toda la concepción del Papa Montini sobre el humanismo trascendental.

[131]Introducción, 4.

[132]Ver Introducción, 6.

[133]La enseñanza del Papa Juan Pablo II en el número 46 de la Sollicitudo rei socialis, presenta ese nexo en términos muy semejantes a los que se descubren aquí. Mons. Jorge Mejía, en una entrevista abunda sobre el asunto y echa luz sobre la verdadera situación de los dos temas en la Conferencia: "como todos sabemos, sobre todo después de Medellín, hubo una voluntad muy clara de contraponer desarrollo y liberación. Esta fue notable cuando se hizo la evaluación de los primeros cinco años de Medellín, en la reunión del CELAM en Río. A mí se me pidió que hiciera un trabajo sobre el vocabulario de Medellín en los dos términos sobre liberación y desarrollo. Se llegó en la investigación a descubrir rápidamente que el término "desarrollo" era mucho más usado, numéricamente, que el de "liberación". Eso era muy claro, porque el uso del término "liberación" está concentrado sólo en tres documentos; en los demás sale cuando era necesario la terminología del desarrollo" (Vigencia y actualidad de la Enseñanza Social de la Iglesia, en "VE", n. 11 [setiembre-diciembre 1988], p. 41).

[134]Ver S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 29, 30, 34, 35, 38. La concepción cada vez más precisa y clara sobre la liberación cristiana se viene presentando desde entonces hasta hoy.

[135]Un importante contexto de Medellín está conformado por las ponencias sustentadas en el desarrollo mismo de la Conferencia. En esta ocasión la Introducción hace explícita referencia al pensamiento del Cardenal Sales. Ver arriba la relación de dicha exposición consignada bajo el acápite "Las Ponencias".

[136]Introducción, 3.

[137]Mensaje, 7.

[138]Introducción, 8.

[139]Ver S.S. Pablo VI, Discurso al final de la III Sesión del Concilio Vaticano II, 21/11/64, 10. En aquella misma ocasión el Papa Pablo pronunció una bella oración dirigida a la Virgen María, Madre de la Iglesia.


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