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V. LAS COMISIONES EN MARCHA


Para el trabajo concreto los participantes de la II Conferencia General del Episcopado se dividieron en Comisiones y Sub-comisiones pastorales, cuya división y títulos, corresponden fundamentalmente a las Conclusiones del Documento Final, responden a las indicaciones del Documento Base y cubren las tres grandes áreas de la Conferencia: Promoción Humana, Evangelización y crecimiento de la Fe, y La Iglesia visible y sus estructuras[42]. Monseñor Jorge Mejía, en una crónica escrita el miércoles 28 de agosto de 1968, decía: "Luego --de las ponencias-- se crean Comisiones de estudio, las cuales deben presentar sus resultados para el sábado. Con ellas se hace la primera redacción del documento final"[43].

Promoción Humana, estaba integrada por la Comisión Justicia y Paz, que presidía Dom Eugenio de Araújo Sales, dividida en dos Sub-comisiones: Justicia, presidida por el mismo prelado brasileño, y Paz, presidida por Mons. Carlos Partelli, Arzobispo Coadjutor de Montevideo (Uruguay). Igualmente formaban parte de esta área: Familia y Demografía, presidida por Mons. Juan Francisco Fresno Larraín, Arzobispo de La Serena (Chile); Educación, presidida por el Cardenal Agnelo Rossi; y Juventud, presidida por Mons. Ramón Bogarín Argaña, Obispo de San Juan Bautista de las Misiones (Paraguay) y Presidente del Departamento de Pastoral Universitaria del CELAM.

Evangelización y crecimiento de la Fe, estaba integrada por la Comisión Educación de la Fe, presidida por Mons. McGrath, que integraba a las Sub-comisiones: Pastoral de las Masas, presidida por Mons. Luis Eduardo Henríquez, Presidente del Departamento de Seminarios del CELAM; Pastoral de Elites, presidida por McGrath; Catequesis, presidida por Mons. Hugo Polanco, Administrador Apostólico de Santo Domingo (República Dominicana); y Liturgia, presidida por Mons. Tulio Botero Salazar, Arzobispo de Medellín, el prelado anfitrión. Mons. Botero señalaba, prácticamente en vísperas de la Conferencia, que "uno de los objetivos de la II Conferencia es despertar las conciencias dormidas. Porque en América Latina la conciencia está dormida, sobre todo las de los que tienen más, las de los más favorecidos por la fortuna. Aún tienen la conciencia muy anestesiada. No se han dado cuenta del deber y la obligación que ellos tienen de velar por sus hermanos"[44].

El área de La Iglesia visible y sus estructuras integraba la Comisión Movimientos de Seglares, presidida por Mons. José Dammert, Obispo de Cajamarca (Perú); la de Sacerdotes y religiosos, bajo la presidencia de Mons. Juan Carlos Aramburu, Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires (Argentina), que a su vez presidía la Sub-comisión Sacerdotes, e integrada también por las Sub-comisiones de Religiosos, bajo la presidencia del Cardenal Clemente Maurer, Arzobispo de Sucre (Bolivia); y Formación del Clero, presidida por Mons. Miguel Darío Miranda, Arzobispo de México y Presidente del Departamento de Vocaciones del CELAM. También formaba parte de esta área la Comisión Pobreza de la Iglesia, bajo la presidencia del Arzobispo del Cuzco (Perú), Mons. Ricardo Durand Flórez, S.J. La Comisión Pastoral de Conjunto y la Sub-comisión La colegialidad en sus diversos niveles eran presididas por Mons. Pablo Muñoz Vega, y finalmente la Sub-comisión Medios de Comunicación estuvo bajo la presidencia de Mons. Fernando Gómez dos Santos, Arzobispo de Goiania (Brasil).

UN MÉTODO

Desde un tiempo atrás se venía difundiendo un método de base inductiva-situacional para tratar los temas desde la fe. Los orígenes parecen remontarse a la trilogía ver --hechos--,juzgar --reflexión teológica--, y actuar --proyecciones pastorales--[45]. Precisamente las tres partes del Documento Base concuerdan con tal perspectiva existencial. Así, el documento de trabajo se dividía en: Realidad Latinoamericana (un ver, aunque no exento de algún "juicio" resumen); Reflexión teológica (un juzgar, iluminando desde la fe y el Magisterio; la realidad vista, que conduce por el modo de las ideas-fuerza que asume al tercer momento); y Proyecciones pastorales (actuar, que en el documento se orienta hacia las tres áreas de la Conferencia: Promoción humana; Evangelización y crecimiento de la fe; Iglesia visible y sus estructuras).

En las Conclusiones de Medellín se verá la "canonización" de esta aproximación metodológica. Bajo uno u otro nombre, los diversos documentos se rigen fundamentalmente por la metodología tripartita, aunque en algunos casos se concrete en más de tres acápites y en otros no se mantenga un "rigor" en el desarrollo de cada una de las etapas. Aún así salta a la vista la intención general del Episcopado Latinoamericano de asumir esa dinámica por la que se parte de una aproximación inductiva que sitúa la reflexión en la realidad concreta --que se busca describir--. Desde esa base se recurre a la reflexión teológica buscando las iluminaciones de la Palabra Revelada y del Magisterio orientadas a esclarecer cristianamente la realidad situada. Así se completa la visión desde la fe. Precisamente ésta última sigue siendo la instancia decisiva. Así tenemos que bajo esta dinámica la reflexión teológica es un esfuerzo, desde una perspectiva situada históricamente (ver), por comprender la Revelación, y para aplicar la luz de la fe a la realidad, en un contexto eclesial (juzgar), que deriva en una conducta o acción. La primacía de la Revelación se mantiene, como es obvio que tiene que ser, pero se parte de una perspectiva que se podría llamar más existencial que otras aproximaciones. Todo esto nada tiene que ver con la alteración ideológica del método que se produce luego en algunas corrientes de la liberación bajo el prisma de la ideología marxista, y que conducen por una lógica, de la que parece les es difícil escapar, a un reduccionismo tal que pone en cuestión a la misma Revelación.

JORNADAS DE TRABAJO

En intensas jornadas de labores los integrantes de las Comisiones y Sub-comisiones dieron un paso más en el estudio y la reflexión bajo la protección de Santa Rosa de Lima, el 30 de agosto. Dieciséis Comisiones y Sub-comisiones fueron implementadas para la mecánica de la Conferencia. A ellas se añadió una Comisión más, bajo la Presidencia de Dom Avelar, encargada de elaborar un mensaje síntesis de lo tratado en la Conferencia con el título: Mensaje a los pueblos de América Latina. Para la buena marcha de la Conferencia se tomaron otras decisiones funcionales, como la elección de cuatro moderadores, así como una Comisión Estatutaria, y la designación de Mons. Antonio Quarracino, en ese momento Obispo de Avellaneda (Argentina) y Presidente del Departamento de Ecumenismo del CELAM, como efectivo Sub-Secretario de la Conferencia.

En un artículo, Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano, Mons. Juan Hervas Benete, entonces Obispo de Ciudad Real y Presidente de la Comisión Episcopal de Cooperación Apostólica con el Exterior (España), da un testimonio de su participación en Medellín. De él tomamos esta larga cita que nos permite conocer algo del clima que se vivió durante las jornadas de trabajo, y que desmienten algunas versiones hechas bajo el prisma conflictual: ""Desde antes de la iniciación de la Conferencia --decía "El Colombiano" en un artículo editorial-- se habían hecho pronósticos pesimistas sobre sus posibles resultados. Los periodistas, ávidos de sensacionalismo, trataron inútilmente de deformar el verdadero sentido de las ponencias y de ahondar divisiones entre los prelados. Se hizo la afirmación audaz de que existían en el CELAM grupos extremistas, que no aceptaban las recomendaciones del Romano Pontífice. Toda esta estrategia amarilla cayó por el suelo cuando se conocieron las Conclusiones de las Comisiones. Como dijo en declaraciones para este diario el cardenal Samoré, los delegados en la magna reunión 'estaban ávidos de unidad'. Y la Iglesia americana ha salido con nuevo brillo y esplendor de estas jornadas gloriosas".

"Es cierto que algún periódico se hizo eco de "pequeñas discrepancias, que parecieron surgir en un principio, y que aparentemente justificaron la alarma de los pesimistas", pero, como reconoce el mismo periódico, estas discrepancias "sirvieron para acentuar la absoluta independencia con que actuaron los participantes". "Supimos de fuente segura --sigue diciendo-- que la Presidencia en ningún momento prohibió el estudio de determinado problema y que todos fueron discutidos dentro de un clima de altura y con miras a la unidad de intereses que animó a todas las voluntades".

"Esto es la pura verdad. Yo mismo fui testigo de los primeros roces en el seno de las Comisiones, pues formaba parte de la Sub-comisión dedicada especialmente al estudio y redacción de las conclusiones referentes a los sacerdotes, y puedo hacer mía la contestación que dio a los periodistas monseñor McGrath, Obispo de Santiago de Veraguas (Panamá): "Estoy impresionado por la armonía reinante. Puede decirse que se ha presentado el espectáculo de un Episcopado unido para servir a la Iglesia y, en la mejor forma posible, a los intereses de la América Latina". Y al exponer su impresión sobre las votaciones añadía: "[exclamdown]La casi total unanimidad en sus resultados! Es admirable que no se hayan presentado brotes disidentes o abiertamente contrarios y que dentro de ese clima de absoluta democracia se haya podido llegar a un acuerdo de criterios y voluntades""[46].

Conforme se avanzaban las labores, y se desarrollaban los Plenarios, se fue imponiendo la idea de que en vez de un Documento Final propiamente redactado como tal se sumaran las Conclusiones independientes de las diversas Comisiones y Sub-comisiones y se asumiera esa recopilación como el Documento Final. En todo caso se contaría con el Mensaje a los pueblos de América Latina elaborado como una especie de mensaje síntesis de Medellín.

Tomada la decisión, las sesiones de las diversas Comisiones y de las Asambleas Plenarias se orientaron a perfeccionar los documentos. "Las comisiones trabajaron en dos etapas --apunta acertadamente Jorge Mejía, entonces Secretario Ejecutivo del Departamento de Ecumenismo del CELAM--. Primero redactaron un texto que fue discutido por la asamblea plenaria. Luego, volvieron a redactar este texto a la luz de las discusión habida, y de observaciones escritas recibidas"[47], estas últimas se llamaban "modos". En las sesiones plenarias se asumió el sistema de votos usado en el Concilio Vaticano II: Placet (a favor), Non Placet (en contra), y Placet Juxta Modum (a favor con modificaciones). Mediante este último tipo de voto se aprobaba el texto pero según un "modo" o matiz que se debía precisar por escrito para ser considerado por la Comisión respectiva. Los "modos" asumidos por la Plenaria resultan significativos para evidenciar ciertas actitudes o posturas que Medellín deseaba expresamente evitar. Una simple revisión de los cambios introducidos por la Asamblea muestran una clara tendencia a evitar conceptos portadores de una visión conflictiva. En ese sentido no resultó extraño que uno de los dos documentos que más modos correctivos obtuvieran fuera el de Paz. Interesante de señalar, también, es que la Conclusión de laicos fue la única rechazada. Ello llevó a una modificación de la Comisión por la que se integraron diversos laicos que habían estado en otras Comisiones. La nueva versión del Documento fue aprobada, y es la que conocemos.

Los resultados de las votaciones sobre los diversos documentos son los que se indican a continuación[48]. Se puede ver cómo en sólo un caso los votos en contra pasan de cinco, cifra de oposición que se mantendría hasta la votación final, a pesar de su absoluta minoría.

La Introducción a las Conclusiones recibió una aprobación de 82 votos a favor y 22 a favor pero con modificaciones, ante sólo dos votos en contra.

COMISION
A Favor
En Contra
A Favor con Modificaciones
Justicia
84
2
35
Paz
64
5
61
Familia y Demografía
90
0
33
Educación
102
0
26
Juventud
83
5
39
Pastoral de las Masas
61
5
62
Pastoral de Elites
85
3
37
Catequesis
103
1
18
Liturgia
74
0
51
Movimiento de Seglares
41
30
57
Sacerdotes
82
5
35
Religiosos
84
1
31
Formación del Clero
67
4
46
Pobreza de la Iglesia
75
5
45
Pastoral de Conjunto
93
2
22
Medios de Comunicación
110
0
10

Al proporcionar estas cifras no se han incluido las abstenciones, ni la contabilidad de los ausentes en el momento de la votación.

El día 6 de setiembre, en el Plenario Final, Mons. Antonio Quarracino, dio lectura al texto del Mensaje a los pueblos de América Latina, que fue aprobado por la Asamblea. Luego se pasó a la última revisión de las 16 Conclusiones, ya procesadas según la metodología descrita, y cuidadosamente estudiadas por una especie de Comisión central compuesta por Mons. Pironio, Mons. Quarracino y los Presidentes de las Comisiones pastorales[49]. Los textos fueron aprobados abrumadoramente, pues los votos negativos no sobrepasaron en ningún caso los cinco.

Tras una última conferencia de prensa, la concelebración final, presidida por el Cardenal Antonio Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires, y la sesión final de clausura, en la que hablaron los integrantes de la Presidencia y Mons. Octaviano Márquez, Arzobispo de Puebla (México), culminó la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, conocida simplemente como Medellín.

Mons. Hervas, en el artículo testimonial que hemos citado, sostenía también: "En resumen, puede afirmarse lo que "El Colombiano", decano de la prensa antioqueña, decía en un artículo de fondo: "La Conferencia Episcopal de América Latina clausuró ayer sus sesiones, después de varios días de intensa y fructuosa labor. Las conclusiones adoptadas, de acuerdo con el espíritu del Concilio Vaticano II, y con las instrucciones del Romano Pontífice, contienen orientaciones muy valiosas para la acción pastoral de la Iglesia en el Continente y recomiendan la acción de sacerdotes y laicos para lograr cambios que garanticen justicia, igualdad, libertad para todos los hombres... La Conferencia Episcopal tiene tal trascendencia para la vida de los pueblos americanos que bien puede decirse que es el punto de partida de un gran movimiento de renovación y avance social en el Continente..." (7 de setiembre de 1968)"[50].

La impostación latinoamericana del Concilio Vaticano II y del Magisterio de Pablo VI en Medellín son un hecho incuestionable. La armonía eclesial de las Conclusiones no parece que pueda ser puesta en duda. Las ponencias, especie de corazón que da vida a las Conclusiones, muestran, en su conjunto, los ecos del madurar de la Iglesia en América Latina desde la Conferencia de Río, en 1955, así como la aplicación del espíritu del Concilio a nuestro medio. El Mensaje a los Pueblos de América Latina y las Conclusiones finales Presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina, constituyen un todo vital en el que se descubre el hondo discernimiento realizado por los Padres en Medellín en esas jornadas de 1968, entre el 26 de agosto y el 6 de setiembre, de cara a la situación del Pueblo de Dios que peregrina en América Latina, y en la aspiración a ser fieles al Plan de Dios en esa hora latinoamericana. Ese fue el Medellín real.

[42]Ver Documento Base, 13.7 y 15ss.; también Juan Botero Restrepo, El CELAM, elementos para su historia, a veinte años, Medellín 1982, p. 158.

[43]Jorge Mejía, ob. cit., p. 653.

[44]El documento del CELAM ha puesto el dedo en la llaga: por eso se le impugna, en "Ecclesia", n. 1403, 17/8/68, p. 25.

[45]Por ejemplo, Mons. McGrath planteaba una visión del método tripartita que vinculaba al Concilio: "Comencemos, como nos lo indica el Concilio, escrutando los signos de los tiempos en América Latina; luego los consideraremos a la luz del Evangelio; y finalmente trazaremos de esta confrontación algunas proyecciones pastorales para el servicio salvífico de nuestros pueblos", CELAM - La Iglesia..., pp. 76 y 77. Hacia el año 1924, la JOC de quien luego será el Cardenal Cardijn, tiene como método básico la aproximación existencial del ver-juzgar-obrar: "Es preciso contar, repetir casos, hechos, acontecimientos; concretamente, de una manera viva. Hay que dar a todos los miembros la conciencia de los problemas planteados por su propia vida, su propio trabajo, su propia experiencia... Y de esta manera viviente hay que remontarse a los principios, descender a las conclusiones, a la conducta a observar, a la actitud a adoptar" (Marguérite Fiévez y otros, ob. cit., pp. 103 y 104).

[46]Mons. Juan Hervas, Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Notas de mi reciente viaje a Colombia, en "Ecclesia", n. 1411, 12/10/68, p. 35. Sobre el mismo punto de vista de la experiencia fraterna y colegial que se dio en Medellín, se puede ver: Mons. Mejía bajo el acápite "La Colegialidad y las tendencias", en donde presenta una visión de "el desarrollo de la Conferencia, acerca del cual, por lo visto se han publicado tantas cosas extrañas, en sí y a la simple realidad", en El pequeño Concilio de Medellín II, en "Criterio", n. 1556, 26/9/68, pp. 687 y 688.

[47]Jorge Mejía, ob. cit., p. 689.

[48]Los datos han sido tomados de: Alberto Múnera D., S.J., Crónica de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en "Revista Javeriana", n. 349, octubre de 1968, Bogotá, pp. 399ss.

[49]Ver lug. cit.

[50]Mons. Juan Hervas, ob. cit., p. 33.


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