Al día siguiente, se inicia la jornada con la oración de la mañana bajo la presidencia del Cardenal Agnelo Rossi, quien siendo Obispo de Barra do Piraí (Brasil), dio origen, ya en 1956, a las famosas comunidades de base, tema que sería ampliamente tratado en esta II Conferencia[29].
Las ponencias, los diálogos que suscitaron y los seminarios de reflexión fueron un momento decisivo del Medellín real. En torno a las ponencias se articulaba el aspecto central de la dinámica de trabajo planificada para llegar en las mejores condiciones a las reuniones de Comisión y a las Plenarias. Su importancia mostró ser decisiva en el resultado final.
En esta jornada se tratará la primera de las ponencias, de las siete que habrán de escuchar los participantes[30]. Antes, el entonces Monseñor Eduardo Pironio, Secretario General del CELAM y de la Conferencia, presenta al sacerdote Alfonso Gregory (Brasil), Director del Centro de Investigaciones sociorreligiosas y socioeconómicas, y al sacerdote marianista español, radicado en Colombia, adjunto al Secretario General del CELAM, Cecilio de Lora, ambos participantes en Medellín. El primero efectuó una presentación de corte sociológico sobre la concepción del desarrollo y la marginalidad en la realidad latinoamericana, citando profusamente estadísticas para respaldar su "visión sociográfica". El segundo expuso la mecánica de trabajo que se tendría en la Conferencia en relación a las siete ponencias y a los seminarios de reflexión que las seguirían.
La ponencia inicial fue de Mons. Marcos McGrath, Obispo de Santiago de Veraguas (Panamá) y Segundo Vice-Presidente del CELAM, Los signos de los tiempos en América Latina, hoy[31]. Recurriendo constantemente al Concilio, particularmente a la Gaudium et spes, y al Magisterio de Pablo VI, la ponencia pone de relieve desde una "Iglesia servidora del hombre" las características de la realidad latinoamericana. Al escrutar los signos de los tiempos, señala que entre los grandes signos destacan las transformaciones rápidas y profundas que invitan a una pedagogía del cambio. "Este es, pues, un gran signo de nuestros tiempos, quizá el principal: el cambio. ¿Qué exige de nosotros los hombres de hoy? Primeramente, tomarlo en cuenta. Estudiarlo, calcular sus efectos presentes y futuros, exteriores e interiores en los hombres. Apreciarlo en sus grandes logros: entenderlo para ayudar a encauzarlo. Apreciar lo tremendamente interesante de nuestros tiempos; y, paradójicamente, como lo señala Gaudium et spes, los terribles desajustes y fallas materiales y espirituales en lo que el cambio moderno parecería más prometedor: bienestar, libertad, justicia, desarrollo integral y paz exterior e interior para todos los hombres (GS 4)". Resaltó la aportación orientadora de la Iglesia al proceso de cambios, "con su sentido de la historia de los hombres y la Revelación", "con la conciencia clara de su propia misión religiosa y sobrenatural", con su "fe en el hombre como "imagen de Dios", (que) rechaza los fatalismos e insiste en la misión de los hombres de controlar al mundo y su historia en lugar de sucumbir a la historia".
Sostuvo McGrath que otro gran signo es la valoración de las realidades temporales y de lo personal. Se trata de descubrir "el valor real e intrínseco de las cosas, al servicio del hombre; y de la progresiva dominación de ellas al servicio del hombre individual y en sociedad. Esta insistencia es de grandes consecuencias para la pastoral y para la ascética cristiana". Unas consideraciones que hizo en esta parte de su ponencia resultan particularmente significativas en relación a ciertos acontecimientos post-Medellín --en el sentido de sucesión temporal, no "a consecuencia de"--. Así, en relación a la valoración de lo temporal indicó: "también Gaudium et spes, señala que hay una conexión intrínseca entre la construcción de un mundo mejor y el crecimiento del reino de Dios en la tierra, que prepara al mundo que ha de venir. Lo hace con mucho cuidado señalando la diferencia entre progreso temporal y el reino de Dios, y el misterio que envuelve cualquier conexión entre el progreso temporal y el mundo que ha de venir (GS 39)". Y añade: "Esto plantea la relación entre teología de la creación y la teología del desarrollo, y la relación de ambas a la teología de la redención. ¿Cómo se ensamblan? Es un campo importante de elaboración teológica para nuestros tiempos, especialmente en América Latina. Ciertamente, hay relaciones muy importantes que se deben acentuar. Al mismo tiempo toda simplificación de ellas puede convertir la teología en una especie de sociología, con algunos rasgos bíblicos; y hacer de la Iglesia un órgano más del desarrollo temporal, con horizontes y compromisos que desbordan los límites de los "problemas sociales" de cada lugar y cada tiempo". Finalmente sentencia: "Es evidente que la combinación de una oración puramente "horizontal" y un compromiso cristiano puramente temporal, pueden desvirtuar completamente el testimonio y la vida de cristianos".
El tercer y último gran signo es el "enfoque mundial", particularmente a través de la difusión de nuevos valores mediante los medios de comunicación social. Culmina en tono exhortativo en un alegato en favor de una actitud positiva ante el cambio y a la fidelidad eclesial: "lo más importante, en cuanto signo, es que seamos Iglesia, unidos, en el amor, que es el signo que el Señor mismo señaló para que se reconociera a su Iglesia. Toda justicia, paz y unidad que predicamos al mundo depende de cuanto nosotros seamos signo de unidad". En los días siguientes, enmarcadas en actos litúrgicos, matutinos y vespertinos, se desarrollarán las otras seis ponencias.
El miércoles 28 habló Mons. Pironio sobre la Interpretación cristiana de los signos de los tiempos hoy en América Latina[32]. El texto muestra algunas de las grandes líneas de la corriente eclesial de la teología de la liberación que, sin concesión alguna a las ideologías[33], se expresa con fuerza en Medellín, y se manifiesta con mayor madurez en Puebla. Un aspecto fundamental de la exposición es el proceso o momento de toma de conciencia: "Cuando el hombre toma conciencia de la profundidad de su miseria --individual y colectiva, física y espiritual-- se va despertando en él un "hambre y sed de justicia" verdadera que lo prepara a la bienaventuranza de los que han de ser saciados y se va creando en su interior una capacidad muy honda de ser salvado por el Señor". Más adelante sostiene que la esperanza de América Latina "se apoya fundamentalmente en la acción de Dios, que es el único que salva. Hay una presencia nueva del Señor en nuestro Continente que, desde la profundidad de su miseria, adquiere conciencia de su misión y de sus valores y busca ser totalmente liberado".
El entonces Secretario del CELAM, va desarrollando con maestría teológica su ponencia en tres grandes partes: "Vocación del hombre", "La Iglesia, sacramento universal de salvación" y "La Iglesia, sacramento de unidad". Aludiendo a la reconciliación traída por Cristo se extiende desarrollando tres niveles de comunión en la Iglesia, acentuando el compromiso especial de los laicos y el amor a Dios del que fluye la solidaridad humana. Al concluir sostiene: "La Iglesia en América Latina se pregunta, en la sinceridad del Espíritu, qué es ella para el hombre, qué significa su presencia para los pueblos latinoamericanos, cómo responde a sus inquietudes y esperanzas, cómo realiza sus aspiraciones más hondas, qué aporta de "originalmente nuevo" a todo el proceso de transformación y desarrollo. El Continente latinoamericano mira a la Iglesia y espera". Y añade: "La respuesta de la Iglesia es una sola: Cristo".
El mismo día le tocó exponer al entonces Administrador Apostólico de San Salvador de Bahía (Brasil) y Presidente del Departamento de Acción Social del CELAM, Dom Eugenio de Araújo Sales, sobre La Iglesia en América Latina y la Promoción Humana[34]. Dom Eugenio, siendo aún sacerdote, gestó hacia 1948 el famoso Movimiento de Natal[35], en la Arquidiócesis de Natal en el empobrecido noreste brasileño, tan significativo en la evangelización y promoción humana del medio rural, y en la maduración de la Iglesia en el Brasil. Ya Obispo Auxiliar de Natal se convierte en un promotor de encuentros episcopales de reflexión sobre los problemas pastorales del noreste. Es un convencido de que la evangelización, particularmente en las zonas pobres, debe ir acompañada por la promoción humana. La trayectoria del Obispo brasileño lo califica como auténtico precursor de la reflexión sobre liberación y la evangélica opción por el pobre que se dio en Medellín. Al leer su ponencia no puede dejarse de evocar la larga lista de prohombres que desde Las Casas y Tata Vasco de Quiroga, en los albores de la evangelización de nuestras tierras americanas, concibieron la relación entre evangelización y desarrollo social pacífico y justo. Su mensaje en esa ocasión fue eco claro de su actitud pastoral en favor de los pobres, desde el Evangelio, extendida a la situación del Continente que reclama una urgente transformación. Toda ella estuvo enmarcada en un llamado a la praxis efectiva, abordando diversos aspectos necesarios para implementar una auténtica promoción humana.
Al empezar Dom Eugenio, decía: "El preocupante ritmo de crecimiento demográfico de América Latina, el estado de marginalidad de gran parte de la población, frente a un pequeño número de privilegiados, la situación de nuestras poblaciones rurales, la insatisfacción de nuestra juventud, el elevado índice de analfabetismo y la carencia endémica de una educación de adultos, el cambio de una sociedad monolítica para un estado de pluralismo socio-cultural, los gritos de los oprimidos que no soportan el peso que los exaspera y aniquila, la inadecuación de nuestros sistemas políticos, todo eso provoca en nosotros --miembros del Pueblo de Dios y más directamente responsables de llevar a los hombres el Mensaje del Evangelio-- un estado de perplejidad y de angustia. Sin embargo, poco resultaría del estudio de esta problemática, sin tratar concretamente de resolverla. Menos aún, elaborar bellas y oportunas conclusiones sin una firme decisión de llevarlas a una inteligente y rápida concreción". La honda emotividad que expresa su mensaje no es óbice para que el mismo sea profundamente teológico y con una orientación pastoral de grandes alcances. Sin duda se trata de uno de los textos fundamentales de esos tiempos, cuya vigencia se extiende hasta hoy.
En su diagnóstico reconoce la identidad católica de América Latina, "un "Continente Católico", un atributo natural más que un predicado", pero aunque señala que sentimos "las huellas o los efectos de la evangelización primitiva" se trata de una "evangelización incompleta que necesita ser complementada". Destaca en lo que designa como "batalla del desarrollo" su llamado a la formación de líderes, resaltando la decisiva importancia del "factor cultural". Su aliento a las comunidades de base, así como su apoyo a los organismos intermedios como sindicatos y cooperativas, manifiesta una orientación personalizante. Subrayó el inconformismo ante las injusticias establecidas y la urgencia de reformas audaces y profundas en las estructuras. "La estrategia de una Iglesia, como servicio, para empeñarse en la promoción humana de Latinoamérica, debe abrir caminos, con su testimonio y enseñanza ayudar así a los hombres, y especialmente a los gobiernos a percibir las señales de los tiempos. Ella debe ser co-educadora de los grupos humanos, para que ellos, apoyados en su conciencia cristiana y en la fuerza moral de la Iglesia, realicen con rapidez, con valor, en profundidad y en la justicia, las indispensables transformaciones estructurales del Continente". En la intervención del prelado brasileño se percibe, como maciza evidencia de su adhesión a la Iglesia, la conciencia de fidelidad a las enseñanzas del Evangelio, y la prudencia y equilibrio que de ellas fluye, al plantear su presencia y acción en un Continente lleno de rupturas, de pobreza e injusticias.
Al día siguiente, Mons. Samuel Ruiz, Obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas (México), trató el tema de La Evangelización en América Latina, resaltando la conveniencia de incentivar el proceso de conversión a través del anuncio evangelizador, "primordial tarea de la Iglesia en América Latina". Considera que "la Evangelización fue incompleta", y que aún hoy "un gran número de bautizados no logra tener una fe consciente y madura". Tras un análisis socio-cultural sostuvo que el desarrollo debería humanizar y liberar. Culminó la primera parte de su ponencia estableciendo una división del campo misionero en América Latina, en tres áreas: donde "la Iglesia no está presente"; "iglesias débilmente implantadas"; y comunidades eclesiales "con minoría cristiana y precariedad de estructuras pastorales"; y de la especial situación de los indígenas. En la segunda parte se extendió sobre las "Tareas que se plantean a la Evangelización en América Latina", sosteniendo que nuestras tierras se encuentran "en estado de misión"[36].
Luego presentó su ponencia, con sugerente aparato crítico, el Obispo Auxiliar de Caracas (Venezuela) y Presidente del Departamento de Seminarios del CELAM, Mons. Luis Eduardo Henríquez, desarrollando el tema: Pastoral de masas y pastoral de elites[37]. Resaltó la idea de que la Iglesia en América Latina es una Iglesia de los pobres, extendiendo el concepto de "pobre" en sentido "holístico", más allá de la obvia realidad socio-económica. Tras aludir al pobre de la Escritura, como quien "además de la falta de bienes materiales, connota un sentido de completa disponibilidad y entrega confiada en manos de Dios. Es la actitud de Nuestra Señora en la Anunciación", sostuvo: "En nuestra pastoral creo que debemos interpretar "pobre" en un sentido más amplio --que el meramente económico o social--; sin circunscribirnos exclusivamente en la falta de bienes materiales; incluyendo los que viven en un estado de pobreza religiosa y miseria espiritual, aun cuando no estén totalmente desprovistos de bienes de fortuna. La gran masa del pueblo cristiano"[38]. Con todo cuidado Mons. Henríquez parece querer evitar y advertir el peligro de reduccionismo ideológico del pobre y la pobreza. Su defensa del enraizamiento de la fe en las masas latinoamericanas y su ponderada ofensiva contra un "purismo", de las que se hicieron eco las Conclusiones de Medellín, preludian la defensa y clarificación de la religiosidad popular, en los años posteriores a Medellín, ante las arremetidas de teólogos y pastoralistas ligados a corrientes erradas de la teología de la liberación.
Luego de un pormenorizado recorrido por diversos métodos y medios pastorales, como testimonio de vida, diálogo, catequesis, etc. y ámbitos como las comunidades de base y las instituciones, pasó a tratar sobre la pastoral de las élites religiosas, culturales, desarrollado más extensamente, y sociales. Culminó aludiendo al ateísmo y al agnosticismo y tratando de algunos medios para comunicar el mensaje de fe en los ambientes latinoamericanos no creyentes.
Ese mismo día 29 habló también el Primer Vice-Presidente del CELAM, Mons. Pablo Muñoz Vega, S.J., Arzobispo de Quito (Ecuador). Su ponencia se titulaba: Unidad visible de la Iglesia y Coordinación Pastoral[39]. La intervención del prelado ecuatoriano ingresó de lleno a plantear la necesidad de una renovación de las estructuras eclesiales en un espíritu de conciliación por el que se integren los valores de las diversas perspectivas en oposición aparente o real buscando la fidelidad a la Iglesia. "El peligro es claro. Cuando el interés por los valores sociales terrenos ocupa el horizonte religioso del espíritu hasta el punto de dejarlo a ciegas para captar otras dimensiones vitales e imprescindibles, ya estamos ante un resultado que no puede hallar justificación. Mas, así mismo cuando la insatisfacción por un mundo cuya visión se juzga ser demasiado secularizada llega a convertirse en insensibilidad e irresponsabilidad frente a la miseria inmerecida de nuestros hermanos, estamos igualmente ante un resultado inadmisible".
"Siempre que en los intentos de renovación se va a los extremos, se experimenta el impacto dañino de las reacciones excitadas por el mismo exceso de las posiciones --afirmó el hoy Cardenal Muñoz Vega--. Hoy en nuestra América Latina corremos el peligro de estas reacciones por el desenfoque producido en ciertos cuadros de renovación difundidos profusamente en nuestros ambientes. Por ello debemos comenzar por la eliminación decidida de las posiciones que por su extremismo son causas de división". Para caminar por el sendero de las reformas aludía a la Lumen gentium, a cuyo número octavo llamaba "faro".
Tras ahondar en reflexiones eclesiológicas planteó una dinámica reconciliativa orientada a evitar los escollos que podrían afectar la recta puesta al día de las estructuras pastorales, la llamó: "Armonización de los diversos postulados de renovación pastoral". Con espíritu de prudencia y realismo fue recorriendo las relaciones entre sacerdocio y laicado; entre Obispos, presbíteros y diáconos; la apertura a los carismas apostólicos en el espíritu de San Pablo, Spiritum nolite extinguere; la atención especial al principio de subsidiariedad; el desarrollo de la colegialidad en diversas estructuras eclesiales.
El Arzobispo quiteño resaltó la necesaria manifestación de sencillez y el testimonio de pobreza evangélica: "La sencillez evangélica debe ser santo y seña de nuestros programas de renovación de estructuras: sencillez en la vivienda, en las construcciones de edificios educacionales y de los mismos templos, cuyos costos conviene guarden la debida proporción con el medio económico-social, realizando nosotros mismos y enseñando a realizar el máximo ahorro para las obras de promoción social de los necesitados y marginados". Concluyó sosteniendo que el "principio y fundamento de cualquier buen programa de cambio de estructuras" está en la búsqueda de la perfección y la santificación, y que "la Iglesia no puede medir su misión con la medida del tiempo o de su moda, sino por el contrario, ha de poner los tiempos bajo la medida de su misión que siempre los trasciende"[40]. Visto retrospectivamente el mensaje de Mons. Muñoz Vega, no es posible pasar por alto sus visos proféticos.
El último ponente fue Mons. Leonidas Proaño, Obispo de Riobamba (Ecuador), Presidente del Departamento de Pastoral del CELAM, quien trató sobre la Coordinación Pastoral[41]. En una primera parte, mediante el cuadro de una parroquia "hecha con tintas y colores de mi propia paleta", según dijo, describió una visión imaginaria en la que acomodaba un conjunto de rasgos que resaltaban las incoherencias en la vida cristiana de no pocos, como "una muestra mínima de lo que es o puede que sea el Continente latinoamericano". Ante lo intrincado del mundo latinoamericano y la dureza de no pocas de sus características planteaba el recurso a las disciplinas que puedan ayudar a conocer bien la realidad. Luego pasó a desarrollar el tema de una pastoral orgánica, señalando algunos puntos esenciales, como un mismo espíritu en diversidad de ministerios, en sintonía con la acción pascual de Dios: "Descubrir la irrupción de Dios en la Historia que se está tejiendo hoy, lo pascual de cada acontecimiento pequeño o grande, particular o colectivo, de cada día, para acompasar, mejor para identificar la acción de la Iglesia a la acción pascual de Dios, e ir construyendo allí, hablando, corrigiendo, alentando, clamando contra las injusticias, perdonando y reconciliando a los pecadores, padeciendo con los pobres, sufriendo persecuciones, purificándose y purificando de manchas, luchando por la libertad y por el respeto a la dignidad de la persona humana, reflexionando y revisándose, volviendo al Evangelio y a las fuentes para renovarse y ser respuesta luminosa a los grandes interrogantes del mundo... como Iglesia". Luego hizo un recorrido de diversas actitudes como fidelidad, solidaridad, audacia y equipo, para culminar con algunos apuntes metodológicos, ya teóricos, ya prácticos, para la acción planificada.
[29]Ver Quintín Aldea y Eduardo Cárdenas, ob. cit., p. 821. Dom Amaury Castanho, en Caminhos das CEBs no Brasil. Reflexâo Crítica, AGIR, 1987, p. 43, sostiene: "Es forzoso reconocer que, a partir de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, realizada en 1968 en la ciudad colombiana de Medellín, algo nuevo aconteció en nuestro continente y en la vida de la Iglesia. Allí se hizo la opción por una Evangelización liberadora y se incentivó la organización de las Comunidades Eclesiales de Base". Mons. Jorge Mejía tiene dedicado un sugerente artículo al tema: Medellín y las comunidades de base, en "Criterio", n. 1558, 24/10/68, pp. 804ss. En él dice: "El tema de las comunidades atraviesa... todo el documento bajo una u otra forma. El hecho es tanto más notable cuanto que, como es sabido, cada parte fue redactada por una comisión diferente, con sus preocupaciones y su óptica propia, y sin mayor comunicación con las demás".
[30]Originalmente las ponencias iban a ser cinco cuyos temas estaban señalados en el Documento Base, bajo el rubro Método de Trabajo. "Estas ponencias no se discuten. Se piden simplemente aclaraciones a los autores, y luego se las estudia, o las cuestiones que suscitan, en seminarios prolongados", relata Mons. Jorge Mejía en El pequeño concilio de Medellín, p. 653.
[31]Las citas de esta ponencia están tomadas del texto de la misma que aparece en CELAM - La Iglesia..., pp. 75ss.
[32]Las citas de esta ponencia están tomadas de la versión de la misma que aparece en CELAM - La Iglesia..., pp. 103ss. Este texto de la ponencia del hoy Cardenal Pironio ha sido ampliamente divulgado por la Biblioteca de Autores Cristianos en Mons. Eduardo Pironio, Escritos pastorales, BAC, Madrid 1973, pp. 11ss.
[33]Ver Visión retrospectiva de la teología de la liberación, en Carlos Corsi Otálora, La Liberación, Universidad La Gran Colombia, Bogotá 21988, pp. 337ss. La teología de la liberación que expone el Cardenal Pironio es más extensamente desarrollada en La reflexión teológica en torno a la liberación, de agosto de 1970, recogida también en sus Escritos pastorales, pp. 67ss., y difundida extensamente en América Latina a través de diversas publicaciones como en Mons. Eduardo Pironio, Teología de la liberación, Oficina Nacional de Catequesis, Chile, en cuyo prólogo, ya entonces, J. Joaquín Matte, Director Nacional de Catequesis, afirma: "Hay muchas posiciones frente a este tema, pero falta claridad teológica sobre él. Es por ello que hemos pensado que su publicación es muy útil en estos momentos".
[34]Las citas de esta ponencia están tomadas del texto de la misma aparecido en CELAM - La Iglesia..., pp. 125ss.
[35]Natal está ubicado en el Estado de Río Grande do Norte. Dom Eugenio fue el inspirador de "una triple iniciativa (sanitaria, educativa, económico-social), llamada después Movimiento de Natal, de gran valor religioso y social... De esta iniciativa surgió el Movimiento de Educación de Base (MEB) en virtud del cual fueron reorganizados los antiguos sindicatos rurales... La iniciativa de D. Eugenio Sales fue apoyada por la Comisión Central de la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil en una declaración del 5 de octubre de 1961" (Ulisse Alessio Floridi, S.J., O radicalismo católico brasileiro, Hora Presente, São Paulo 1973, pp. 39ss). Para mayor información sobre el alcance pastoral y social del Movimiento de Natal, ver John J. Considine, M.M., The Church in the new Latin America, Fides Publishers, Notre Dame 1964, pp. 57ss. También se puede ver el "Boletín Informativo", CELAM, nn. 59-60 (1963), pp. 30ss. A propósito del noreste brasileño es interesante notar que en una viaje al Brasil en junio de 1951, Cardijn afirmaba: "Y en este "Nordeste" brasileño, tan retrasado, he aquí que la JOC ha venido a traer un mensaje de liberación" (Marguérite Fiévez-Jacques Meert-Roger Aubert, La vida de un pionero: Cardijn, Editorial Nova Terra, Barcelona 1970, p. 242).
[36]CELAM - La Iglesia... pp. 147ss.
[37]Ver allí mismo, pp. 175ss.
[38]Lug. cit.
[39]Las citas de esta ponencia están tomadas del texto de la misma que aparece en CELAM - La Iglesia..., pp. 231ss.
[40]Precisamente ese espíritu contrario a los extremismos y a la manipulación ha llevado al Cardenal Muñoz Vega, con la autoridad de ser uno de los Padres de Medellín, a salir en defensa de las auténticas interpretaciones de los documentos de la Conferencia de Medellín (ver su Presentación en la ya citada obra: II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Iglesia y Liberación humana. Los Documentos de Medellín, pp. 9 y 10), así como a distinguir entre las erradas y las rectas teologías de la liberación (ver, por ejemplo, "L'Osservatore Romano", 30/9/84, p. 23).
[41]Las citas de esta ponencia están tomadas del texto de la misma que aparece en CELAM - La Iglesia..., pp. 251ss.
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