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III. LOS PASTORES EN MEDELLÍN


Con la intensamente vivida experiencia de la visita del Papa Pablo VI, y con la memoria de sus orientaciones, fueron arribando al aeropuerto "Olaya Herrera", de Medellín, los participantes de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

En horas de la tarde, del lunes 26 de agosto, la capilla del Seminario Mayor de Medellín cobijaba a los participantes que iniciaban sus actividades con una concelebración. La presidencia la tuvo el Cardenal Antonio Samoré (Vaticano), Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, quien predicó. Así, desde un primer momento la Conferencia se desarrollaría en un ambiente que buscaba integrar la liturgia y los trabajos de dar respuesta a las necesidades del Pueblo de Dios que peregrina en América Latina[24].

La dirección de la Conferencia estaba integrada por tres Co-Presidentes nombrados por la Santa Sede, que se turnaban en el ejercicio de la Presidencia. Ellos eran: el Cardenal Juan Landázuri Ricketts, el Cardenal Antonio Samoré, y Dom Avelar Brandao Vilela, Arzobispo de Teresiña (Brasil), y Presidente del CELAM.

Quienes intervenían en la Conferencia se dividían en dos categorías: los miembros efectivos; con voz y voto, y los simples participantes, con derecho a voto sólo en las Comisiones. En la primera categoría están los Presidentes de las 20 Conferencias Episcopales nacionales; los Obispos elegidos como representantes de las Conferencias Episcopales, en proporción de uno por cada veinticinco Obispos; la Presidencia del CELAM, los Obispos responsables de los departamentos, el Secretario General de la Conferencia, el Presidente del Comité Económico y los delegados y sustitutos de las Conferencias Episcopales al CELAM; los sacerdotes de la Junta Directiva del Comité Latinoamericano de Religiosos (CLAR), y un grupo de sacerdotes del clero diocesano; y los nombrados por el Papa. La suma total es de alrededor de 140 miembros efectivos, de los cuales más de cuatro quintos eran miembros del episcopado. Aparte de estos, como simples participantes, sumando más de cien, están: los Secretarios Ejecutivos del CELAM; los miembros no sacerdotes de la Junta Directiva de CLAR; los expertos o peritos; los invitados especiales; los representantes de organizaciones eclesiales; y los observadores no católicos.

LA INSTALACIÓN

Como introducción a los trabajos de la Conferencia, hicieron uso de la palabra los tres Co-Presidentes. El primero en hacerlo fue el Cardenal Landázuri quien, aludiendo al pensamiento del Papa Pablo VI, ofreció una reflexión de contenidos históricos y pastorales en donde resaltaba el primado del amor en el proceso de América Latina. "Pero, ¿acaso no es esta la hora de la caridad?" se interrogaba, para responder poco más adelante: "Es la hora del amor". "Testigos del amor", "la fraternidad", "la comunión de todos los creyentes", "tarea común", "unidad de todos los hombres de América Latina", son conceptos que se extienden por el mensaje expresando con toda claridad un espíritu[25].

Poco más de un mes atrás, en declaraciones al semanario español "Ecclesia", el Cardenal peruano había señalado, sobre el tema y finalidades de la Conferencia de Medellín, un pensamiento coincidente con el que expresó el día primero de Medellín:

"Presencia de la Iglesia, pues tenemos que asegurar que ella comparta eficazmente la vida misma de nuestros pueblos y ser en medio de ellos sacramento de salvación y signo de esperanza.

"Transformación de América latina, ya que esta realidad nuestra es fundamental y debe concretar y definir toda la acción pastoral. Es imprescindible tener presente la justa, urgente e insoslayable aspiración de nuestro Continente, por una forma de vida más humana, por estructuras sociales más adecuadas, que hagan posible que el fruto de los esfuerzos comunes, aseguren a todos, sin excepción, el nivel de vida a que toda persona humana tiene derecho, situación que los latinoamericanos están resueltos a lograr.

"El Vaticano II, cuya doctrina y lineamientos han de ser orientación segura y vigoroso acicate para esta extraordinaria hora de reflexión y de determinaciones que tiene como meta el auténtico e integral desarrollo de América Latina"[26].

Seguidamente hizo uso de la palabra el Cardenal Samoré, antiguo Nuncio Apostólico en Colombia, quien siendo Secretario del Consejo de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios auspició la Conferencia de Río de Janeiro (1955), así como, más adelante, la creación del CELAM[27]. En su exposición trató sobre la Pontificia Comisión para América Latina, extendiéndose sobre los alcances de la colaboración de la CAL con la Iglesia en Latinoamérica.

El último en dirigirse a los participantes fue Dom Avelar Brandao Vilela: "Llegamos finalmente a Medellín, después de una larga jornada, llena de trabajos y oraciones, de sufrimientos y de equívocos, de expectativas y esperanzas". Recogiendo el pensamiento y las prudentes orientaciones del Papa Pablo, Dom Avelar se refirió a la necesidad del cambio de estructuras, resaltando que éste debía ser no violento. También rechazó la indiferencia que impide la modificación de estructuras que deben cambiar. Igualmente trató sobre el sentido de la renovación eclesial en América Latina, pero cuidando de "no destruir las verdades permanentes en favor de aquellas novedades que, a veces impresionan, pero no conducen a conclusiones satisfactorias", e invita a la purificación del modo de ser y de pensar. Entrando a la parte final de su ponencia el Presidente del CELAM, con un repaso de rigor, trató sobre el proceso que desde la Conferencia de Río de Janeiro (1955) conduce hasta Medellín. Finalizó con un in crescendo que arrancó una cerrada ovación de los presentes:

"Finalmente, sursum corda: [exclamdown] Veni, Creator Spiritus! [exclamdown]Ven, Oh Espíritu Creador! [exclamdown]Espíritu de Luz y de Verdad! [exclamdown]Espíritu de justicia, de amor y de paz!

"Que entre nosotros, durante estos días no haya ninguna especie de conciencia cristiana dividida, ni posiciones radicales. Somos hermanos y somos Pastores.

"La Iglesia no puede tener líneas paralelas o subterráneas. Aquí estamos, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, representantes del laicado. Aquí se encuentran peritos de varios países y de diversas especialidades. Somos todos el Pueblo de Dios. Somos una Iglesia en diálogo fecundo de amor, de verdad, de justicia, de auténtica libertad y de disciplina comprensiva y eficaz.

"Vivamos el misterio de la multiplicidad, que es hija de la gracia, en unidad del mismo Espíritu que anima, robustece e ilumina a nuestra Iglesia"[28].

[24]La importancia de la vida litúrgica en Medellín es resaltada en la crónica de un participante: "La liturgia contribuye, como es su papel y su eficacia propia. La mayoría concelebran (no todos, por desgracia), lo cual significa que de repente más de doscientos celebrantes salen en procesión de la sacristía triple para ocupar lugares en el óvalo elegante de la iglesia, con el altar al fondo. Un laico lee la epístola. Se canta bien y mucho. Se comulga bajo las dos especies. Se usan los nuevos cánones. Se da la paz a todos. Se ora de veras, y nos transformamos. El Instituto de Liturgia del CELAM, responsable de esta obra de arte de culto, demuestra lo que vale y hace una catequesis con hechos", Jorge Mejía, El pequeño concilio de Medellín, en "Criterio", n. 1555, 12/9/68, p. 653.

[25]Ver La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio, Tomo I (Ponencias), Secretariado General del CELAM, Bogotá 21969 (en adelante esta obra se citará CELAM - La Iglesia...), pp. 43ss.

[26]Las declaraciones del Cardenal Landázuri al corresponsal de "Ecclesia" ponen igualmente de relieve la valoración de la visita papal y las orientaciones del Pontífice, así como la acción que deberá seguir a la Conferencia, pues: "Sólo así la Iglesia será en América Latina verdadera evangelizadora de los hombres, esperanza del pobre y oprimido, fermento capaz de transformar la masa y signo de unidad en justicia y caridad" (Declaraciones del Cardenal Landázuri, Arzobispo de Lima, a nuestro colaborador José Ignacio Torres, en "Ecclesia", n. 1398, 13/7/68, pp. 24 y 25.

[27]Ver Quintín Aldea y Eduardo Cárdenas, ob. cit., p. 708. El Cardenal Landázuri en unas declaraciones, publicadas el 28 de agosto de 1968, en el diario "El Siglo", de Bogotá, calificó al Cardenal Samoré como "Padre del CELAM".

[28]CELAM - La Iglesia..., pp. 63ss.


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