El Papa León XIII tuvo razón

 

El Papa León XIII dirigía una Carta Apostólica al Cardenal J. Gibbons, Arzobispo de Baltimore, el 22 de enero de 1899. Era una deferencia, pues en realidad la carta pontificia Testem benevolentiae fue distribuida a todos los Obispos en los Estados Unidos. Publicada en inglés, se difundió el nombre de los errores a los que se refiere: el americanismo. El nombre se usaba ya, tanto en Estados Unidos como en diversos países europeos, para designar unas ideas y objetivos.

 

¿Fantasmas?

Al ser recibida la Carta nadie se dio por aludido. Esa situación no es extraña en la larga historia de la Iglesia. En muchas ocasiones en que son señaladas posturas que se apartan de la verdad de la fe o son riesgosas para ella, hay implicados que no se reconocen en la figura trazada. Quizá por una ausencia de sentido crítico, quizá porque no defienden todo cuanto allí está señalado, sino sólo algunos puntos. El hecho es que ante tal reacción, hasta el día de hoy, hay quienes hablan de la "herejía fantasma". Hasta donde sabemos, la calificación fue usada por primera vez por el Abbé Felix Klein, editor y prologuista de la redacción francesa de la biografía de Walter Elliot sobre la vida del padre Isaac Hecker. Precisamente esta obra, que hoy se llamaría un best seller, fue el detonador de la engorrosa situación.

El cuadro trazado por Testem benevolentiae correspondía a una versión estadounidense de lo que luego se conocería como "modernismo", pero en este caso con un singular toque ideológico en donde el ámbito eclesial, el político y el "mítico" se mezclan. De hecho, los círculos americanistas y los que se llamarán modernistas se confundían en un momento. Por todo ello, hasta el día de hoy no es fácil desentrañar todas las facetas del "americanismo". Pero lo que es incontestable es que se trataba de un hecho más difundido de lo que se suele creer. Los personajes están allí para el estudio del historiador. Y no pocas de sus ideas no desaparecieron sino que han continuado hasta hoy.

 

Algunas características

El Papa en Testem benevolentiae advierte contra un conjunto de ideas que planteaban un relativismo en lo tocante a la vida interior, los métodos de evangelización, la vida espiritual, la concepción de la Iglesia. Tiene también algunas referencias a visiones políticas. Se ha hablado de naturalismo, de liberalismo, ciertamente de individualismo y subjetivismo, de influjo protestante, así como de "adaptacionismo" en relación al depósito de la fe. Esto último parece un punto nuclear. "Sostienen, en efecto, que para atraerse las voluntades de los que piensan de otro modo, habría que omitir ciertos puntos de doctrina como si fueran de menor importancia o dulcificarlos de tal manera, que ya no conservarían el mismo sentimiento que tradicionalmente mantuvo la Iglesia". Y luego dice: "Produce la sospecha de que hay entre vosotros quienes se forjan y quieren en América una Iglesia distinta de la que existe en otras regiones". Añadiendo: "La Iglesia es una, tanto por la unidad de doctrina, como por la unidad de régimen; y ésta es la Iglesia católica". Para evitar ser mal comprendido, el Papa fue muy cuidadoso en señalar que la autoridad de la Iglesia siempre ha atendido aquello que es legítimo en las costumbres de los diversos pueblos. Los Arzobispos de Nueva York y de Milwaukee se adelantaron a reconocer la importancia del documento para sus circunscripciones.

 

No fue sorpresa

Ciertos círculos estaban inquietos ante la posibilidad de un pronunciamiento pontificio, que procuraron evitar. Bajo la coordinación de un eclesiástico sumamente influyente, Denis O'Connell, que residía en Roma, se articuló todo un movimiento de ideas y personas, tanto en los Estados Unidos como en Europa. La correspondencia de sus partidarios es reveladora de sus intenciones. Hablan de New Age, se autocalifican como "americanistas" portadores de la "nueva idea", así como réfractaires, en alusión a la oposición a la línea papal. Además de darse a conocer con sus escritos, un grupo estuvo en un congreso en Friburgo (Suiza) en 1897. Allí, O'Connell, no sin cierta diplomacia, presentó en público el americanismo mencionando sólo algunos aspectos de su agenda, al tiempo de deslizar muy sutilmente una crítica a la disciplina canónica de la Iglesia.

En una de las cartas en que formula la estrategia del grupo "americanista", se expresa con lamentable racismo. Ve la guerra de su país contra España como una ocasión de plasmar su crítica a Roma. Plantea que tras su triunfo en Cuba y Filipinas, en relación a los "fundamentos de la religión", "no se deben pegar viejos parches en nuevas vestiduras". Son ideas compartidas; uno de sus corresponsales le escribía: "Y aunque no conservemos Cuba y las Filipinas, la Iglesia allí será organizada según el americanismo".

No fue ni es un asunto sencillo. Seguir todos los pasos de lo ocurrido exigiría una amplia labor de investigación. Está claro, sí, que el Papa León XIII fue realista y oportuno en su intervención.

 

Luis Fernando Figari

 

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