Un carisma al servicio de la Iglesia
Vocación apostólica
Los miembros del MVC se descubren llamados a comprometerse en la tarea de la evangelización. Quieren de esa manera participar de la misión de la Iglesia colaborando en todo lo que esté a su alcance, según sus capacidades y posibilidades, para que la dinámica de la Buena Nueva alcance y transforme cuanto está en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación[1]. La identidad del MVC está pues sellada por su vocación al apostolado, centro de su vida y acción. La invitación que hace el Señor Jesús de ir a evangelizar el mundo entero es puesta en un lugar central de la vida del Movimiento. Hace suya, por ello, la convocatoria del Apóstol San Pablo a anunciar la Palabra de la reconciliación[2].
Los vacíos y rupturas que se descubren en el mundo actual, afectado por profundas transformaciones, llevan al MVC a impulsar un compromiso en primera persona con el Señor Jesús, con la convicción de que sólo en Él se pueden encontrar las respuestas a los anhelos más profundos del ser humano. En el Señor Jesús, el mismo ayer, hoy y siempre[3], la humanidad tiene una incalculable riqueza[4] que no agota ninguna época ni ninguna cultura. El gozo y la plenitud de los miembros del Movimiento es anunciar a Jesucristo.
Como porción del Pueblo de Dios, los integrantes del MVC acogen con entusiasmo la convocatoria a emprender una Nueva Evangelización. Este programa, que en América Latina ya fuera vislumbrado en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín[5], se asume como compromiso de vida. Se quiere colaborar en dar impulso a una renovada evangelización, nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión. El corazón y los ojos de los emevecistas se dirigen hacia el Señor Jesús, Evangelizador por excelencia, y a Santa María, Estrella de la Nueva Evangelización, para nutrir el propio compromiso y poder así servir con fidelidad al designio divino.
Los tres acentos principales
Dentro de su orientación apostólica general, el MVC se siente llamado a acentuar tres ámbitos que considera fundamentales: el servicio evangelizador a los jóvenes, el compromiso solidario con los pobres, y el anuncio del Evangelio hasta las raíces de la cultura y las culturas. Son tres acentos que, no obstante señalar áreas de especial atención, no excluyen otros campos que también son muy importantes en la vida del Pueblo de Dios.
a) Servicio evangelizador a los jóvenes
El servicio evangelizador a los jóvenes constituye un aspecto prioritario de la acción del MVC. En los jóvenes se proyecta no sólo el futuro de los pueblos, sino también su presente, y en un sentido también se edifica la Iglesia. En ellos está la esperanza de un mundo mejor. De su formación en la fe de la Iglesia y de su adhesión a ella, de su amor por la verdad, de la firme solidez de sus convicciones, de su coherencia con justos y rectos valores, y de su conformación al Señor Jesús, depende el futuro de la sociedad.
Por esa razón, y en sintonía con la atención que los Pastores han venido poniendo en esta esfera, el MVC se compromete en un esfuerzo por salir al encuentro de los jóvenes y las jóvenes para ofrecerles un espacio de vida cristiana. Para ello desarrolla un programa de pedagogía en la fe según el modelo de Santa María. En él se procura presentar medios adecuados, según el don de la gracia, para vivir una coherencia entre la fe y la vida desde la misma realidad del joven. Se trata de ayudar fraternamente a que el joven descubra que el Señor Jesús es verdaderamente la respuesta a sus más hondos anhelos.
La perspectiva del MVC se sitúa en una dinámica de encuentro. Teniendo como centro fundamental el encuentro con el Señor Jesús, la conversión y renovación interior son el primer y fundamental paso. Ese encuentro se funda en la gracia recibida --de manera fundamental en la vida sacramental y en la oración-- y se fortalece en la experiencia de comunión y en la celebración de la fe en la vida cotidiana. Fruto de esa experiencia de encuentro y de fe vivida brota un impulso que se proyecta hacia los demás en un compromiso apostólico activo y alegre del joven y de la joven, especialmente con los compañeros y amigos. El horizonte universal de la evangelización aparece en forma concreta en las personas que se encuentran cercanas.
b) Compromiso solidario con los pobres
El servicio evangelizador del MVC se encuentra vitalmente unido al compromiso solidario con aquellos que descubren de alguna manera amenazada su dignidad de seres humanos y afectada su vida. Por eso el Movimiento se compromete solidariamente con los pobres, los necesitados, los enfermos, los marginados, los abandonados, con todos aquellos en cuyos rostros se descubren los rasgos de Cristo sufriente[6].
El compromiso apostólico evidencia que existen lazos muy íntimos entre evangelización y promoción humana, poniendo ante el horizonte de la vida cristiana la realidad del compromiso solidario y fraterno. El MVC ha hecho propio el programa de liberación reconciliadora que planteó el Papa Pablo VI en su encíclica Populorum progressio[7], que lleva a un dinamismo que impulsa a pasar de condiciones de vida menos humanas a condiciones cada vez más humanas, abriendo un horizonte que encuentra su coronación en la plena conformación con el Señor Jesús. De esta manera se descubre una aproximación para promover un auténtico desarrollo integral que genere una sociedad más justa, fraterna, solidaria y reconciliada. Se hará así concreta la dimensión social de la reconciliación que nos ha traído el Señor Jesús.
En la labor de asumir el servicio solidario el MVC se guía por las orientaciones de la enseñanza social de la Iglesia. Se tiene la firme convicción de que siguiendo los principios de orientación, los criterios de juicio y las pautas de acción que presenta la enseñanza social se puede contribuir al necesario cambio de un mundo que da la espalda a Dios, y de esa manera ayudar a la realización de la humanidad según el designio divino, contribuyendo así a avanzar hacia el establecimiento de la Civilización del amor.
c) Evangelización de la cultura
El mundo de hoy, junto a maravillosos avances tecnológicos y otros logros, ofrece también un triste panorama de rupturas. Vemos con preocupación la fractura que se descubre entre la fe y la cultura. Como afirmaba el Papa Pablo VI, la ruptura entre el Evangelio y la cultura es el drama del tiempo actual[8]. Junto a beneficios para la humanidad, se encuentran los rasgos agresivos de una "anticultura de muerte", como la ha llamado el Papa Juan Pablo II. Y al lado de esa evidente manifestación del más serio atentado contra la vida y dignidad de la persona humana, se halla sutilmente presente el agnosticismo funcional, "caldo de cultivo" en el que crece y se desarrolla esa "anticultura de muerte".
El MVC está convencido de que la Nueva Evangelización de nuestros pueblos, a la que invitan con insistencia el Santo Padre y los Obispos, implica llevar la Buena Noticia del Señor Jesús hasta la raíz de la cultura del ser humano. Así, pues, no hay nada humano que sea ajeno al anuncio del Evangelio. La evangelización de la cultura es una dimensión fundamental de la vida del Movimiento. Por ello aspira a llevar la Buena Nueva a los ámbitos que tienen una especial trascendencia en la configuración de la cultura. En ese sentido, atento a los signos de los tiempos, el MVC mira hacia los "nuevos areópagos", que constituyen un campo de apostolado que espera la presencia de quienes han sido invitados por esa vocación para llevar el mensaje de la fe de la Iglesia hasta los rincones más recónditos de las culturas. Junto a áreas que han merecido tradicionalmente una especial atención --como la educación, el arte, los medios de comunicación--, destaca de cara a los tiempos advenientes la atención a las nuevas tecnologías de la información.
Otros ámbitos de apostolado
El MVC descubre el llamado a un apostolado universal. En ese sentido está atento a todas las dimensiones de la vida del ser humano, procurando salir al encuentro de las diversas personas en sus situaciones concretas. El anuncio del Evangelio se realiza de múltiples maneras y teniendo en cuenta situaciones y ambientes distintos. Además de los jóvenes, los pobres y el gran marco de la evangelización de la cultura, el MVC se compromete en el servicio apostólico en muchos otros campos. Junto con la vinculación principalmente de jóvenes, tiene, en sus variadas expresiones, también diversas iniciativas y proyectos con adultos.
Una de las áreas de atención especial es la familia, pues «el futuro de la humanidad se fragua en la familia»[9]. En efecto, la familia es el santuario de la vida[10] y el núcleo de toda la vida social. De su identidad, de su cohesión y de su consistencia dependen la cohesión y consistencia de toda la sociedad. El MVC pone a la familia como un aspecto muy importante de su compromiso, pues considera que ella es escuela donde el ser humano aprende a vivir una vida según el designio divino, y como tal es camino de realización y de santidad. El MVC alienta a que la familia se renueve en su fidelidad al Señor y sea cada vez más un cenáculo de amor, a semejanza de la Familia de Nazaret. Por ello en sus diversos proyectos y servicios acrecienta la conciencia de que sin su fortalecimiento no se podrá edificar la anhelada Civilización del amor.
El MVC hace también una explícita opción por defender la vida, desde su concepción hasta su fin natural. Los tiempos actuales están viendo cómo se atropella la dignidad humana y se pierde el respeto a la vida. Esto, que se percibe en diversos ámbitos de la vida del hombre, adquiere características dramáticas cuando se trata de quitar la vida a los seres humanos más indefensos, como son los concebidos no-nacidos. Por ello el MVC quiere contribuir a mostrar al mundo la riqueza del Evangelio de la Vida, con la convicción de todo lo que implica señalar que sólo en el Señor Jesús el ser humano encuentra la vida plena.
Lugar privilegiado ha tenido desde los inicios la atención a la vida litúrgica, que, como enseña el Concilio Vaticano II, constituye la fuente de la vida cristiana y la cumbre a la que tiende[11]. Muy ligada a la vida litúrgica está la piedad popular, expresión característica de la vida de fe de nuestros pueblos. El MVC ha valorado esta piedad popular descubriendo en ella una manera de vivir la fe en el Señor Jesús y ha tratado por ello de contribuir a su purificación y a su orientación de acuerdo a la fe de la Iglesia y siempre en colaboración con los Pastores.
Otros ámbitos vienen mereciendo un cuidado especial en el servicio del MVC. Cabe destacar entre ellos: la educación --en sus diversos niveles y expresiones--, la atención a la salud --en especial en los sectores populares-- y la promoción del arte y la música como manifestaciones de una esfera muy sensible de la vida humana. Los medios de comunicación, cada vez más importantes en una cultura que algunos llaman "informática", vienen también mereciendo una muy especial dedicación de miembros del MVC.
©1998, Movimiento de Vida Cristiana
Notas
[1]Ver S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 19.
[2]Ver 2Cor 5,19.
[3]Ver Heb 13,8.
[4]Ver Ef 3,8.
[5]Ver Medellín, Mensaje, 6.
[6]Ver Puebla, 31; Santo Domingo, 178, 179.
[7]Ver S.S. Pablo VI, Populorum progressio, 20-21.
[8]Ver S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 20.
[9]Ver S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 86; Discurso inaugural, Santo Domingo, 12/10/1992, 18.
[10]Ver S.S. Juan Pablo II, Centesimus annus, 39.
[11]Ver Sacrosanctum Concilium, 10.
©1998, Movimiento de Vida Cristiana
[¿Qué es?][Historia][Espiritualidad][Santa María][Tu es Petrus!][Un carisma al servicio de la Iglesia][Evangelización de la cultura][Compromiso solidario][Asociaciones][Servicios][Países][Subsidios] [Preguntas][E-mail para entrar en contacto con el MVC]