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Luis Fernando Figari

Dios no ha muerto. Reflexiones en torno a la teología de la muerte de Dios (Luis Fernando Figari)

Dios no ha muerto. Reflexiones en torno a la teología de la muerte de Dios

Luis Fernando Figari

VE, Lima 1988

31 pp.

12,3 x 18,4 cms

En la década de los '60 surgió un extraño fenómeno en el mundo teológico: la "teología de la muerte de Dios". El autor analiza esta efímera corriente de pensamiento viendo en ella una manifestación más de la "cultura de muerte".
Examinando los posibles antecedentes y precursores (Nietzsche, de quien procede la famosa frase "Dios ha muerto", Hegel, Feuerbach, Marx, Kierkegaard, algunos teólogos protestantes de este siglo: K. Barth, F. Gogarten, D. Bonhoeffer, R. Bultmann, P. Tillich), se proyecta hasta aquellos que, si bien no pueden considerarse estrictamente como exponentes de la "teología de la muerte de Dios", se acercan bastante a sus planteamientos (A.T. Robinson y H. Cox), para luego desarrollar sintéticamente el pensamiento de cada uno de los "teotanatólogos" (G. Vahanian, P. van Buren, W. Hamilton y T.J.J. Altizer).
Movimiento surgido en el seno del protestantismo -y que evidencia sus contradicciones, así como las de la cultura hodierna que da la espalda a Dios-, la "teología de la muerte de Dios" no ha pasado de ser más que un chispazo fugaz, incapaz de satisfacer el hambre profunda de Dios que anida en el hombre.

«A los 20 años del surgimiento de la teotanatología definitivamente se evidencia todo su fracaso. Su absurdo se percibía desde sus inicios. Hay que recordar que se trata de la expresión límite de una de las visiones que se nutren de la "cultura de muerte" que signa ciertas manifestaciones del mundo moderno. Se trata de un inocultable signo de los tiempos. No es la "teología" del mañana, ni la negación dialéctica positiva, sino simplemente la disolución de la teología... Dios sigue vivo, y seguirá vivo, pues es Dios. Y los hombres, a pesar de la irrupción de materialismos crecientes, siguen percibiendo en su corazón la inquietud por Dios que describía San Agustín: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti"» (p. 31).

Índice general

Antecedentes
¿Amigos cercanos o exponentes?
El caso singular
Van Buren
Hamilton
Altizer
Veinte años después