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Luis Fernando Figari

Misión reconciliadora de la Iglesia (Luis Fernando Figari)

Misión reconciliadora de la Iglesia

Luis Fernando Figari

FE, Lima 1999

53 pp.

ISBN: 9972-41-005-6

13,0 x 19,4 cms

La misión reconciliadora de la Iglesia debe ser acogida ante todo por uno mismo, viviéndola en la propia existencia. La conversión implica un movimiento hacia la reconciliación con Dios, base de toda otra dimensión de la reconciliación, con la realidad de uno mismo aquejada por tantas rupturas, con los hermanos y con la creación toda. Esa misión reconciliadora que se expresa ante el mundo en el rostro mismo de la Iglesia, en virtud de los misterios de Nuestro Señor, invita a que todos los creyentes asuman según su estado y características esa misión, la vivan cotidianamente y la expresen en su acción.

«La Iglesia que es reconciliadora debe mostrarse Ella misma como reconciliada. Para poder anunciar la palabra de la reconciliación de manera más transparente y eficaz, el Pueblo de Dios debe tener como un asunto central el compromiso de todos los bautizados de convertirse continuamente al Señor y de vivir con coherencia el mensaje reconciliador del Señor Jesús» (p. 33).

«El Reino es vida cristiana y es horizonte hacia el cual encaminarnos y dirigir nuestro quehacer. El Reino es una expresión que sintetiza una dimensión fundamental en la existencia cristiana. Pedir que "venga a nosotros" expresa la conciencia de que la fuerza de Dios auxilia nuestra debilidad para llevarnos por sus senderos, viviendo y acogiendo su Plan de amor y reconciliación» (p. 45).

Índice general

1. Introducción
2. Riquezas de la misión reconciliadora
    2.1. Dios Amor en la creación
    2.2. La caída, la promesa y la reconciliación
    2.3. En el Señor Jesús hemos sido reconciliados
    2.4. Dimensión mariana en la reconciliación
3. Iglesia reconciliada y reconciliadora
    3.1. Conversión y reconciliación
    3.2. Opacidad y testimonio
4. De cara al siglo venidero
    4.1. «Venga a nosotros tu Reino»
    4.2. «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»
5. Conclusión