Marzo 11 de 2001

Testigo de Esperanza

por Kenneth Pierce
(Publicado en Fe y familia)

Hay ciertas personas que uno conoce y que por una razón u otra dejan una honda huella. Su mensaje, su actitud, su profundidad interior, tienen un algo que impresiona y sella. Germán Doig Klinge era una de estas personas. Me atrevo a pensar que son pocos quienes lo han conocido y a quienes no ha regalado con algún don de su vida interior centrada en el Señor Jesús. Su tránsito a la Casa del Padre ha dejado en quienes lo conocieron poco un profundo anhelo de haberlo conocido mejor -incluso ya ha escrito alguien que le hubiera gustado conocerlo con más tiempo-, y en quienes lo conocían más, un doble sentimiento de dolor y esperanza. Dolor por la partida del fraterno amigo, del hermano, del maestro, del consejero espiritual, del cristiano cabal. Esperanza por la confianza en el cumplimiento de las promesas del Señor para quienes en este mundo son sus testigos infatigables.

En estos días que han transcurrido desde su tránsito el martes 13 de febrero vienen dándose innumerables testimonios de aprecio y reconocimiento a la vida y obra de quien fuera un incansable apóstol de la Nueva Evangelización. Han sido no pocas las noticias, comentarios, reflexiones que han aparecido en los medios de prensa, aquí en el Perú como en otros países y medios internacionales, destacando su cristiana labor al servicio de la Iglesia. Al leer -no sin profunda emoción interior- declaraciones de cardenales, obispos, intelectuales, dirigentes de asociaciones eclesiales, personas sencillas del Pueblo de Dios, destacando sus virtudes cristianas, solo podía asentir silente y reconocer la verdad de las palabras de tantos hijos e hijas de Iglesia. Estos testimonios son como preciosas cuentas de un hermoso rosario que va develando la personalidad de un gran apóstol de cara al tercer milenio, iluminando diferentes aspectos de su vida y dejando entrever otros de impactante profundidad.

Recuerdo bien cuando lo conocí, hace ya algunos años, durante un retiro espiritual que fue para mí fundamental en el proceso de asumir un mayor compromiso con la fe. En esa oportunidad no conversé con él, pero tengo vivamente presente el impacto que me causó su irradiante testimonio cristiano, su paz, su sobriedad y sencillez, a través de la cual se dejaba traslucir una intensa vida interior y profundidad espiritual. Entonces no entendí bien, pero al correr del tiempo y en la medida que lo iba conociendo más y él me acompañaba en el camino que el Plan de Dios tenía para mí, fui descubriendo cada vez más la clave de fe que encerraba su persona.

Sus logros y responsabilidades eclesiales han sido muy numerosos. Ante todo, como cristiano coherente que ha alentado a tantos a seguir a Jesús. También como laico consagrado en el Sodalitium Christianae Vitae, al que se entregó plenamente, a cuya maduración y crecimiento contribuyó día a día y del cual fue servicial Vicario General. Su infatigable labor como Coordinador del Movimiento de Vida Cristiana ha sido fundamental en el desarrollo de este movimiento eclesial, extendido por varios países de América y Europa y alentado por Juan Pablo II. Recuerdo asimismo con qué sencillez nos compartió la noticia de su nombramiento por el Papa como auditor del Sínodo de Obispos. ¡Y es que le daba tanta alegría servir a la comunión eclesial! Por otra parte, a sus cualidades de líder apostólico se suman las de un intelectual completo. Fue lo que se puede llamar un pensador cristiano cabal mirando al siglo XXI. No dudo que sus valiosos aportes aparecerán cada vez más patentes.

Con todos los laureles que sus logros pueden arrancar, pienso sin embargo que la faceta más característica de Germán es la de ser un cristiano que con humildad se ha inspirado en la espiritualidad de María para seguir a Jesús. En Él nutría su tan amplio apostolado. La Capilla de su comunidad, que personalmente diseñó, fue ciertamente mudo testigo de diálogos entrañables. Creo que la vida de Germán Doig se podría resumir emblemáticamente en el lema «Oración para la vida y el apostolado, vida y apostolado hechos oración». Él ha sido un modélico exponente de una espiritualidad para la vida cotidiana y del anuncio de que ayer y siempre ¡Jesús es el Reconciliador!

[Subir][Regresar]

 


Derechos reservados sobre toda la información de esta página. © 2001