Febrero 17

Fundador del Sodalitium recuerda pasajes de la vida de apóstol de la nueva evangelización

Lima, 17 (NE) En el marco de la Misa exequial tras el tránsito de Germán Doig Klinge, Vicario General del Sodalitium Christianae Vitae y Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana, Don Luis Fernando Figari, Fundador y Superior General del Sodalitium Christianae Vitae, pronunció unas sentidas palabras. Ofrecemos una transcripción de diversos pasajes de las palabras de L.F. Figari el pasado jueves 15 de febrero, ante una multitudinaria asistencia de fieles que colmaron la iglesia Nuestra Señora de la Reconciliación en la ciudad de Lima:

«Hoy empiezo a hablarles con una enorme carga en mi interior y con la conciencia de que mis palabras siempre se quedarán cortas e imprecisas ante todo lo que en este momento quisiera compartir».

«Germán Doig, hijo predilecto, hermano y amigo entrañable, sodálite, infatigable compañero de fe, de aspiraciones, de apostolado, de amor a la Iglesia, de la convicción de que cada uno está llamado a la santidad, a ser santo, ha sido convocado de este mundo a la Casa Paterna».

«La confianza en el Altísimo y en sus planes me llevan a la convicción jubilosa de que Germán, que tanto ha amado a la Santísima Virgen, se encuentra hoy amparado con inenarrables ternuras por la Madre. Él ha corrido triunfal la carrera de la fe, permaneciendo fuerte y firme en ella. Sin duda el Señor lo encontrará merecedor del premio ofrecido: "Siervo bueno y fiel entra en el gozo de tu Señor"».

«Todo eso nos lo dice la fe al mirar la ejemplar vida cristiana de Germán, al contemplar la manera modélica como ha vivido la esperanza en todo momento, la caridad de una manera admirable, siempre nutriéndose de la fe y de la vida de intensa oración, y de devoción Eucarística».

«Pero, como tantas veces, la pedagogía de la alegría-dolor se encuentra también presente aquí. La fragilidad humana me hace sentir hondamente su ausencia en este terreno peregrinar. El dolor se vale de esa situación para clavar su mordiente en lo profundo».

«La fe nos dice que ello es una ocasión para adherirnos a la Cruz de Cristo, Señor nuestro. Y, ciertamente así hemos de hacerlo, con el gozo de participar en la dinámica kenótica, para llegar con el Señor de la Vida a participar en la dinámica ascensional».

«Así pues, una vez más, Germán, el mejor entre nosotros, nos da una lección con su partida. La alegría nutrida por la fe y la esperanza, y el dolor de su tránsito que deja un inmenso vacío. Con esa lección nos invita desde la esperanza, que tan ejemplarmente vivió y testimonió con una admirable y tenaz constancia, a reconocer con abnegación el Plan de Dios y los misteriosos caminos por los cuales se desarrolla».

Más adelante señaló:

«Pero, más aún, tal respuesta lleva a referirse a uno de sus pasajes favoritos, que precisamente está en esa misma perícopa: "Mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo". Se refiere a la Palabra del Señor, y pienso que también a aquel que la escucha y participa de ella, aquel que la acoge en su corazón y la expresa con toda su vida como lo ha hecho Germán. Así, me atrevo a hacer una audaz aplicación. Con la fuerza de Dios que lo ha sostenido en su camino de viador, Germán se ha hecho eco vivo de la Palabra, y ha sentido en su interior el ardor que manifestaba el Apóstol de Gentes: "¡Ay de mí si no evangelizo!". Así, ha realizado el Plan divino en su vida y ha cumplido el encargo del que ha sido hecho depositario antes incluso de haber nacido; había sido elegido y consagrado por la misericordia divina, para ser un apóstol, un evangelizador de cara al tercer milenio de la fe».

«He estado pensando en lo paradojal de este pasaje. Con el mismo Germán cuántas veces hemos compartido la reflexión sobre lo paradojal de muchos de los pasajes de la vida del Señor, de sus palabras. Pensemos, hermanas y hermanos, en la Cruz en el Gólgota, la Cruz en donde el hijo de Dios está crucificado por nosotros, para redimirnos, para reconciliarnos. Es el más impresionante y sobrecogedor, entre muchos más».

Citó luego dos pasajes del Evangelio:

«"Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien da su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 35). Morir para vivir, morir a la muerte, para nacer a la vida».

«Y más claro aún: "En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12,24)».

Y continuó diciendo:

«Así, pues, mirando lo que consideramos para nosotros, para nuestro sentimiento, la prematura partida de Germán, y la miramos con ojos de fe, abrigamos la confianza de que el Padre, que sólo quiere el bien, como fruto maduro lo ha invitado a ser premiado, a participar en la Comunión divina de Amor, a ser un adelantado del Sodalitium Christianae Vitae, y a que la memoria viva de su vida "dé mucho fruto" en la línea de los compromisos de su vida y el luminoso ejemplo que nos deja».

«Su paso por el mundo ha sido de una fecundidad que no podemos siquiera imaginar. Ciertamente su vida ardiente y profundamente cristiana y su incansable impulso evangelizador muestran que en él la gracia que Dios derrama abundante no fue desperdiciada, que como lluvia sobre tierra fértil ha sido fecunda notablemente la semilla de su fe, de su esperanza y de su caridad. Una manifestación de ello, en todos estos días, han sido los sentimientos internos de nuestra propia existencia que son testigos de él, han sido esa gran cantidad de personas que por días han pasado a rendirle tributo, a darle su adiós cariñoso y su cristiano homenaje. Igual ha sido con la sorprendente cantidad de cartas, de mensajes, que por todos los medios venimos recibiendo, desde el Vaticano, desde toda América Latina, de América del Norte, destacando muchas de sus cualidades como hombre de fe e hijo predilecto de la Iglesia».

«Yo lo conocí de bastante joven, han pasado tantos años, y he sido testigo de excepción de su conversión auténtica a un efectivo y profundo compromiso cristiano hasta las raíces de su ser. Iniciarlo no fue para él un proceso que tomó mucho tiempo. Muy pronto, con esa lucidez que tanto nos admiraba, el joven Germán comprendió el sentido de los caminos de Dios y de su exigencia, se entregó a ellos con todo su ser, a recorrerlos con audacia, con una fidelidad ejemplar, inquebrantable, levantando en alto el pendón de María».

«Entendió lo que significaba ser cristiano, entendió lo que la fe que se mantenía encendida en su corazón le reclamaba, escuchó la voz de Dios llamándolo a ser cada vez más coherente, y su paso jamás vaciló, su entrega fue cada vez mayor, su caminar cada vez más firme. Así, a los pocos meses de su primer retiro decidió seguir al Señor Jesús. Decidió siendo un joven -algunos le dirían "espera"-. Él no quiso esperar, él había escuchado la voz, había visto la verdad, había visto la luz iluminar su corazón y encenderlo, y ha seguido al Señor Jesús hasta su último aliento».

«Desde su temprana juventud se dejó encender por el Señor en el fuego de su amor. Y a los fulgores del Corazón de la Virgen, a quien amaba cada vez con mayor intensidad, se fue encendiendo en una hoguera viva que ha ido irradiando luz y calor en medio de su avanzar por el mundo. No cabe duda de que la flama viva que con tanto amor ha contemplado en la imagen del ardiente Corazón de María se encendió en su propio corazón inflamándolo de ardor por la fe e irradiando caridad para con todos. Para todos, por encima de su cansancio, más allá de los avatares de la vida, a todos quería acoger».

«Los amores de Jesús que aprendió desde su proceso de configuración con Él en el Corazón de la Madre han sido las lecciones imperecederas que con su vida y obra ha dejado para todos: Amor al Padre Eterno y su Plan, en el Espíritu Santo; amor a la Virgen Inmaculada; amor a todos los seres humanos, sus hermanos».

«La luz de la fe y sus llamas vivas, que viniendo del Sol de Justicia se habían hecho intensamente presentes en el corazón de Germán, lo han llevado a reflejar esa luminosidad y ese calor a su paso entre nosotros, y constituyen un auténtico ejemplo de vida cristiana de cara a los nuevos tiempos, en donde la oscuridad y el frío se vislumbran terribles y amenazadores para la humanidad».

«Se tenía la experiencia de que había escuchado la Palabra de Dios, y la tenía vivamente presente en su corazón, ardiente y luminosa, siempre con fulgores tales que su mismo sobrio actuar, su alegría constante, su esperanza vivaz, su reverencia, su prudencia, todo él comunicaba con la fuerza de la paz que viene de Dios el mensaje de la Buena Nueva reflejando la interioridad de quien se ha encontrado con la Vid y permanece unido a ella como un sarmiento vital».

«Su notable sensibilidad, el testimonio de vivir el camino de su propia espiritualidad sodálite y su consagración a la plena disponibilidad apostólica, lo muestran en el alto valor que daba a la solidaridad humana, a la promoción de los más desposeídos, los más débiles, en el compromiso por forjar una sociedad más justa, más fraterna, más reconciliada».

«Germán ha interiorizado el llamado y la urgencia del apostolado. Toda su vida ha sido un despliegue apostólico buscando dar gloria a Dios en todos sus actos cotidianos. Desde la oración, la lectura continua, la comunión eucarística, la adoración al Señor Sacramentado, la participación en la vida fraterna comunitaria, todo ha estado signado por vivir a Cristo y por dejarse conformar en Él: "Vivo yo, más no yo, es Cristo quien vive en mi realidad", ha venido diciéndonos con su pensamiento, su corazón, su acción».

Germán Doig Klinge durante su intervención en el Sínodo de América

«La profundidad de su pensamiento y los valiosos y lúcidos aportes que ha hecho a la comunidad eclesial jamás lo apartaron de una impresionante modestia, de la cual también todos somos testigos. Sin duda la aprendió en el Corazón Inmaculado de María, al escuchar sus latidos hablando de cómo Dios se había fijado en la humildad de su Sierva. La Virgen María ha estado siempre presente en la mente, el corazón y la vida de nuestro querido Germán. Su devoción a San José también lo alimentaba en su manera sobria de vivir».

«Junto a su apostolado personal, junto a la enseñanza espiritual del caminar cristiano a través del ejemplo, junto a su testimonio de auténtico sodálite, su apostolado intelectual en el horizonte de evangelización de la cultura constituye un legado que debemos apreciar y atesorar en su magno valor».

«Hombre singularmente profundo, todo lo hacía desde esa dimensión de su existencia. Así, desde su experiencia interior de Dios ha comprendido que todo su despliegue debe ser para dar gloria a Dios. Y así lo vino haciendo. Generoso, entregado con plena disponibilidad a la misión a la que había sido llamado, viviendo la vida cristiana, viviendo ejemplarmente sus compromisos de consagrado como una oración continua, ha querido siempre compartir el mayor bien que ha recibido: la fe. Su vida ha sido la de un abnegado y fiel apóstol. Creo que eso salta a la vista y que podemos decir, haciéndonos eco de la Sagrada Escritura, su luz ha brillado delante de los hombres y así, viendo sus buenas obras, muchísimos se han sentido también alentados a glorificar a Dios que está en los Cielos (ver Mt 5,16)».

«Germán consagró su vida en el Sodalitium Christianae Vitae. Es preclaro miembro de la generación fundacional. Él llevó altas y fundamentales responsabilidades en lo que el Sodalitium ha venido a ser. Sus alegrías y sus gozos por cada paso en que los dones de Dios tocaban a la comunidad han ido jalonando su vida».

«Más aún, cabría decir que Germán en su vida y obrar es un sodálite desplegándose. Al mirarlo se ve un icono vivo, una vida sodálite. Él lo aspiraba así con todo su ser, y hoy como Fundador lo puedo decir con toda claridad. Todo su actuar expresaba el estilo sodálite de un modo ejemplar, modélico. Por eso es que sin ambages puedo decir que él ha sido el mejor entre nosotros».

«Habría muchísimo más que compartir sobre Germán y sobre su vida humana, cristiana, sodálite, sobre su caminar, pero creo que es momento de culminar en esta ocasión».

«Es por ello que, con la confianza de la fe en las promesas del Señor, al considerar la luminosa y fecunda vida de Germán, creo que Dios Amor ha encontrado al fruto maduro que ha sido fiel a todo lo que Dios le ha pedido».

«Por ello creo que lo ha llamado de entre nosotros a la participación plena y al gozo de la cercanía más próxima de Dios, lo ha llamado a arder con destellos más vivos e intensos de amor, cuya irradiación, por gracia de Dios, llegará cada vez más claramente a nosotros».

«Creo que puedo dar público testimonio de que la vida de Germán Doig ha sido un ejemplo magnífico de quien ha entendido a Jesús al hablar desde la Cruz: "He allí a tu Madre". Su opción por dejarse conformar por Dios a Jesús ha sido una constante incansable en su vida. Su paso por esta vida como viador siempre atento a lo esencial ha sido la de modélico hijo de María, ha sido la de modélico hijo en su Hijo Jesús».

«Hoy que sentimos tan intensamente su ausencia física entre nosotros, y nos confortamos con su llamado a participar plenamente en la Comunión de Amor, miremos, como él sin duda quiere que lo hagamos, a nuestras propias vidas y nuestra responsabilidad, y ante ello, queridas hermanas y queridos hermanos, no cejemos en considerar la vida de Germán, ejemplar apóstol de la tan urgente y necesaria Nueva Evangelización en el tercer milenio de la fe».

«Estoy seguro de que él quiere que todos nosotros, al mirar el siglo XXI, lo veamos como un tiempo para nuestra conversión personal, para vivir una vida fiel en el Señor aspirando a la santidad, y como un tiempo para el anuncio, un tiempo para evangelizar, gastándonos y desgastándonos, para comunicar la Buena Noticia, para irradiar la caridad, para trabajar incansables por colaborar en la construcción de la Civilización del Amor, que tanto él como nosotros soñamos».

«De estar aún peregrinando con nosotros con certeza así lo habría hecho, adelantándose a todos en el entusiasmo, pues ya lo venía haciendo».

«¡En comunión espiritual con Germán, demos gloria a Dios!»

«¡Que el Señor nos bendiga a todos nosotros!»

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"Germán Doig fue un Apóstol de la Comunión", dice Cardenal Norberto Rivera

LIMA, 17 Feb. 01 (ACI).- El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, elogió el testimonio cristiano de Germán Doig Klinge, el Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana, recientemente llamado a la Casa del Padre, a quien califico de "Apóstol de la Comunión".

En un conmovedor recuerdo de Germán Doig, el Primado mexicano dijo estar agradecido al Señor "por haberme permitido conocerlo, porque fue una persona muy cercana, con una gran capacidad de escucha y de comunicación". "También admiré en él el sentido de sabiduría, no solamente en conocimiento enciclopédico, sino en el sentido de la sabiduría cristiana. Me llenaba de gozo cada vez que tenía la oportunidad de tratarlo porque poseía ese don de la sabiduría que el Señor le regaló".

El Cardenal Rivera destacó, sin embargo, "el mucho bien que hizo a la Iglesia. "Fue Apóstol de comunión, pues sabía crear vínculos de solidaridad en donde quiera que se encontraba. Siempre servía de puente para que nosotros pudiéramos tener esa comunión entre nuestras comunidades eclesiales". "Experimenté eso en Lima, y lo experimenté en Roma. Siempre estaba dispuesto a servir de puente para comunicarnos entre nosotros", concluyó el Purpurado.

Otro testimonio significativo fue el proporcionado por el Arzobispo de Denver, Mons. Charles Chaput, OFM Cap. "Los católicos de Colorado se han visto enormemente bendecidos por el celo pastoral de nuestro amigos del Sodalicio de Vida Cristiana, de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y del Movimiento de Vida Cristiana. Por esta razón, sentimos la partida de Germán Doig muy intensamente. El fue un hombre de profunda fe, enorme caridad y cualidades que eran muy difíciles de reemplazar. Le recuerdo particularmente como una persona llena de gracia, equilibrio, modestia, aguda inteligencia y cálido humor. El tendrá siempre un lugar permanente en nuestra gratitud y nuestras oraciones". "Y por eso, extiendo no sólo mis condolencias, sino las de todo el Norte de Colorado a Luis Fernando y a todos sus hermanos y hermanas", concluyó.

El mundo profesional

También profesionales peruanos compartieron semblanzas del testimonio ejemplar de vida cristiana de Germán Doig. La doctora Isabel Neyra, una de las más prestigiosas neuropsicólogas del país definió al Vicario General del Sodalicio y Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana como "un paradigma, un soporte y un ejemplo de laico. Yo lo veía a él como un hombre de fe que arrastraba especialmente a los jóvenes. Nunca me voy a olvidar un día que fuimos al centro pastoral, donde vivía él, y vi cómo los chicos interrumpían sus actividades para rezar el rosario, que él mismo promovía. Él es un ejemplo de fe y un testimonio viviente de que Dios existe, él reflejaba la imagen de Cristo. Gandhi decía que no creía en los cristianos, seguramente porque nunca conoció a Germán. El día que yo he estado rezando no por él sino con él, es impresionante la cantidad de jóvenes que estaban también rezando junto con él".

Por su parte, el ex ministro de Educación y pedagogo Andrés Cardó Franco señaló que recordar a Germán "es sentir al amigo y guía que trasuntaba un compromiso permanente de seguir al Señor y seguirlo haciendo el bien a todos sin distingos. Yo veía que esto era su práctica de vida. Su modestia ocultaba a veces su sólida formación intelectual y cristiana que afloraba cuando trataba de impulsar la evangelización de la cultura. Cuando dialogaba con Germán sobre el Movimiento de Vida Cristiana, sobre Emaús, dedicado a hombres adultos, o lo que debíamos hacer por la Iglesia, él guardando su sencillez, era convincente y contagiaba esperanza y confianza en el Plan de Dios que siempre mencionaba. Hubiera querido conocer a Germán muchos años antes. Tuve el privilegio de estar más cerca de él a fines de noviembre pasado cuando me invitó a ir con él a Roma al Congreso Internacional de Apostolado laical y aprecié más de cerca sus talentos y sus virtudes. Creo que Germán partió prematuramente, Dios sabe por qué pero nos dejó una estela que debemos seguir".

Por su parte, el congresista Arturo Salazar Larraín no pudo evitar rememorar con afecto su larga historia de admiración por Germán. "Yo lo conocí hace muchísimos años, cuando era muy joven. Desde esa época tuvimos una relación muy amistosa. Además yo conocía a su padre, Benjamín, trabajamos juntos de regidores en el Municipio de Lima. Desde el primer momento que lo conocí me causó una magnífica impresión, sobre todo por su formación espiritual tan centrada a pesar de ser tan joven. Germán fue una persona muy firme en sus convicciones, reposada, muy espiritual. Yo creo que él ha contribuido muchísimo al trabajo de la Iglesia no solamente del Perú, sino que ha respondido al llamado del Papa Juan Pablo II de Evangelizar el continente".

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