19 de enero de 2009

 

Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana pronuncia una comunicación en el Congreso Teológico Pastoral en el VI Encuentro Mundial de Familias

Ciudad de México, 19 (NE - eclesiales.org) Eduardo Regal Villa, Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana, pronunció durante el Congreso Teológico Pastoral que se viene realizando en el marco del VI Encuentro Mundial de las Familias, una comunicación en la que habló sobre: "La formación de los valores en la familia. Experiencia del Movimiento de Vida Cristiana".

En el curso de su intervención, ante un auditorio de nueve mil personas congregadas para el importante evento teológico pastoral, desarrolló diversos aspectos de la visión y experiencia del Movimiento de Vida Cristiana en torno a la familia. Planteó cuatro temas que desarrolló: "Vocación a la santidad en la vida matrimonial"; "Formación permanente en la fe"; "Ocasiones de encuentro" y "Familia apostólica".

Durante su intervención señaló entre otras cosas que: "Ante todo nuestra pedagogía pastoral resalta que existe una vocación a la vida matrimonial, y que ella es un camino de santidad. Luis Fernando Figari, nuestro fundador, considera esencial que se entienda al matrimonio como "una vocación específica a la santidad, esto es, como un llamado a una persona concreta para seguir el camino hacia la santidad en el matrimonio y la familia". El llamado a la vida matrimonial, viene de Dios. Por eso hablamos de vocación. Y ello implica discernimiento sobre el Plan de Dios para cada persona".

En otro momento sostuvo: "La formación permanente en la fe lleva a la pareja a conocer cada vez más vitalmente el misterio de la reconciliación y sus alcances en la personalización del ser humano (fe en la mente); la conduce también a adorar a Dios, adherirse vitalmente y dejarse configurar al Señor Jesús (fe en el corazón); y a vivir la vida cristiana dando testimonio de la esperanza y ayudando a la transformación de la sociedad y la cultura según el divino Plan (fe en la acción). Conocer para amar, y desde el amor conocer aún más íntimamente para que el actuar sea desde de Dios".

Más adelante también destacó la dimensión apostólica de la vida en familia: "Podemos decir que la misión apostólica de la familia tiene dos dimensiones. Por un lado el apostolado hacia adentro de la propia familia, esto es, con el cónyuge, con los hijos y todos juntos en familia. Y por otro lado el testimonio de vida cristiana hacia otras realidades, más allá de la propia familia, en el esfuerzo por anunciar la Buena Nueva de la reconciliación y buscando la transformación del mundo".

 


 

 
 

 

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